Las declaraciones de Rania se dieron durate una entrevista con periodistas, siendo ésta la primera vez en que se permite el acceso a un detenido. La niña comenzó su relato diciendo: "Mi padre desapareció y mi madre halló su cuerpo en la morgue; arrojaron el cuerpo de mi hermano al río".
Sentada en la cama de su celda, envuelta en una túnica negra larga, Rania relató luego el engaño de su esposo. "Mi marido me presentó algunos parientes que no había visto nunca antes. Estuvimos toda la noche. Por la mañana me trajeron un desayuno con zumo de albaricoque. Sabía bien, así que les pregunté qué tenía. Me dijeron 'Nada, sólo bebe'".
Siguiendo con el relato, la niña reveló que después de desayunar, una vieja mujer que dijo ser prima de su marido le puso el chaleco, aunque su esposo se había marchado a otra habitación. Rania afirma que protestó, pero le dijeron que no se preocupase, "que sólo fuera a un mercado local abarrotado", donde le ofrecerían cosas.
Antes de abandonar la casa, su marido reapareció en la puerta de la casa. Allí paró a Rania, a quien preguntó que "si nos vemos en la próxima vida, ¿me elegirías a mí o a otro hombre?". Aunque nerviosa, la niña pudo bromear en aquel instante. "Elegiría a otro hombre", respondió.
No obstante, la joven niña iraquí nunca llegó al mercado. El domingo pasado,
se entregó la policía en Baquba, capital de la inestable provincia iraquí de Diyala, en donde militantes sunitas de Al Qaeda están llevando adelante una guerra contra las fuerzas estadounidenses e iraquíes.
"Nunca quise inmolarme. En aquel punto quería darme la vuelta, pero estaba asustada", dijo Rania, quien señala que "nadie me dijo cómo utilizarlo, ni siquiera si lo iban a explotar con control remoto". Ahora la policía busca a su marido.