El número de manifestantes fue, sin embargo, mucho menor al del año pasado. En Washington fueron apenas unos centenares y en Chicago, donde al parecer se reunió la mayor cantidad de gente, fueron poco más de 150.000, frente a 700.000 del año pasado.
Las marchas llamaron la atención sobre un debate que divide profundamente al país, y que llevó al senador Edward Kennedy a denunciar que grupos antiinmigrantes tratan de 'envenenar el diálogo nacional' con fines partidistas.
Las manifestaciones y un reciente número de discursos y declaraciones son parte del ambiente que rodea al inminente inicio del debate migratorio en el Senado estadounidense, fijado para el 14 de mayo por el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid.
De hecho, grupos proinmigrantes realizaron ayer un mitin cerca del edificio del Capitolio Federal estadounidense para presionar por su posición al tiempo de realizar una manifestación con cientos de asistentes en un parque citadino donde había ya media docena de activistas en huelga de hambre. Los manifestantes demandan un camino a la legalización, el cese de las "razzias" y expresaron su rechazo al programa de trabajadores invitados y la militarización de la frontera con México.
Las manifestaciones y marchas proinmigrantes se realizaron en Los Ángeles, Chicago, Denver, San Antonio y otras ciudades, pero en todas se reportó una asistencia significativamente menor que la del año pasado.
En ese marco, la senadora demócrata Hillary Rodham Clinton destacó que las marchas "subrayan la importancia de una reforma de inmigración amplia", que en su opinión debe incluir un fortalecimiento de la frontera, mayor cooperación de Canadá y México, aplicación "estricta pero justa" de las leyes migratorias, ayuda federal para gobiernos locales y un camino a la legalización para residentes indocumentados.
Pero el inicio del debate y las manifestaciones se realizan mientras se registra un incremento en el número de razzias contra indocumentados en centros de trabajo, y cuando organizaciones antiinmigrantes desarrollan virulentas campañas en contra de lo que califican como "amnistía" a "violadores de la ley".
Kennedy, de hecho, aludió a la polarización del debate. "Grupos extremistas frecuentemente tratan de capitalizar sobre nuestros sentimientos de vulnerabilidad para culpar a los inmigrantes de los problemas de Estados Unidos", dijo durante un discurso ante la Liga Judía Antidifamación (ADL), en el que se pronunció además por una reforma que brinde un camino a la legalización de indocumentados.
"El mundo espera ver cómo respondemos al desafío: si alcanzamos una reforma que vea hacia adelante... o si nos rendimos al temor y la recriminación", agregó.
Pero Kennedy y los grupos proinmigración enfrentan una endurecida postura antiinmigrante, que se traduce en un difícil debate sobre las propuestas migratorias.