Arias se reunirá con el derrocado Zelaya y con el mandatario interino Micheletti para tratar la crisis en Honduras. Sin embargo, las posiciones radicales de unos y otros parecen dejar poco margen de maniobra para que el diálogo finalmente consiga avances en la estancada situación del país centroamericano, protagonista de la peor crisis en la región en dos décadas.
Al llegar a San José, la capital costarricense, el depuesto presidente Zelaya demandó el miércoles por la tarde la inmediata anulación del Gobierno interino que encabeza Micheletti.
"Nuestra presencia aquí no obedece a ninguna negociación, en esto está empeñado el honor de todos los pueblos de América. Simplemente se está escuchando a través del mediador cuál es el planteamiento de los que han establecido este régimen de facto (...) para ver cómo están ellos planificando su salida, que es lo más honroso para las democracias de América Latina", dijo.
El Gobierno interino -respaldado por los mayores partidos políticos, la Corte Suprema y empresarios de Honduras- dijo que Micheletti llegará el jueves a Costa Rica para las negociaciones.
Pero no alimentó muchas esperanzas de encontrar a una salida al enfatizar que el retorno de Zelaya no es negociable, pese a las reclamaciones internacionales.
Sin embargo, estas presiones, sumadas a la amenaza de duras sanciones económicas contra Honduras, podrían obligar a las partes a ceder.
Sanciones desde Washington
Estados Unidos anunció el miércoles la suspensión de la ayuda militar por valor de 16,5 millones de dólares (11,8 millones de euros) y de ayuda al desarrollo a la empobrecida Honduras por el golpe de Estado, al tiempo que advirtió sobre el riesgo de otros fondos por 180 millones de dólares.
Los hondureños, que están divididos entre dos presidentes que claman su legitimidad, han protagonizado desde el día del golpe manifestaciones masivas a favor y en contra de Zelaya, un empresario maderero que a mitad de su mandato adoptó un discurso de corte socialista cercano al del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Al menos una persona murió y varias resultaron heridas el domingo cuando simpatizantes de Zelaya se enfrentaron con militares mientras esperaban su frustrado regreso a este país productor de café y textiles.
El Gobierno interino, a través de su ministra de Finanzas, Gabriela Núñez, dejó claro que esa decisión de Estados Unidos es "contraproducente" para el diálogo.
"Es realmente preocupante esta decisión de Estados Unidos, pues afecta importantes proyectos que estaban en marcha (...) Es contraproducente para las negociaciones", dijo Núñez a Reuters
Sin embargo, Arias, premio Nobel de la Paz por su trabajo para poner fin a conflictos militares y guerras civiles que asolaron la región en la Guerra Fría, expresó el miércoles su optimismo en lograr un acuerdo al conflicto.
Horas antes del encuentro, Arias dijo: "Lo que sí quiero es no dejarlos salir de aquí hasta que haya un acuerdo".
El golpe de Estado se desencadenó cuando Zelaya convocó una consulta popular para abrir el camino a su reelección declarada ilegal por un juez, lo que provocó su secuestro y expulsión de Honduras por parte de los militares.
El derrocamiento en Honduras se convirtió en la peor crisis en Centroamérica desde la invasión estadounidense a Panamá en 1989 y en un desafío para el presidente estadounidense, Barack Obama, que mostró un decidido apoyo a la mediación de Arias para evitar una escalada de violencia en el país centroamericano.