Como en días anteriores, en Grecia se desataron nuevos disturbios, esta vez en plena huelga general.
Un grupo de unos 100 jóvenes comenzó a lanzar piedras y botellas de cristal contra las fuerzas del orden a las puertas del Parlamento griego, en la plaza Sintagma, donde se concentran miles de personas dentro de una de las tres manifestaciones simultáneas en el centro de Atenas. La noche anterior ya había estado precedida de fuertes encontronazos entre manifestantes y la policía.
La paralización general dejó en dique seco de arriba abajo al país y echa más combustible al polvorín social. Las tiendas están cerradas y los canales públicos de la televisión suspendieron su programación habitual y emiten espacios de dibujos animados aprovechando que los niños no tienen colegio. Los servicios mínimos funcionaron sin problemas en el sector del transporte, aunque se cancelaron todos los vuelos por la participación de los controladores aéreos y los barcos permanecen en los puertos.
Los sindicatos griegos rechazaron ayer el llamamiento del primer ministro, el conservador Kostas Karamanlis, para que cancelen las manifestaciones. Karamanlis había reclamado a las centrales que se evitaran nuevos actos de violencia tras varias jornadas de disturbios generalizados.
\"Durante cuatro días, Grecia se ha rendido a las llamas y la anarquía\", dice el diario conservador Eleftheros Typos en una editorial. \"La volátil situación parece fuera de control con la policía aparentemente incapaz de lidiar con la situación. Los políticos parecen haber fallado notablemente\".
Los comerciantes acusan a la policía antimotines de no proteger sus negocios de las turbas. Aunque la policía ha disparado gases lacrimógenos al ser atacada por bombas incendiarias y piedras, no intervino cuando los manifestantes atacaron edificios y automóviles.