Las conversaciones entre ministros del gabinete tuvieron lugar ayer por teléfono para coordinar una respuesta a la derrota, con presión renovada siendo efectuada por el jefe ‘whip’ (líder del mecanismo que se ocupa de la disciplina partidaria en el Parlamento), Geoff Hoon, y el secretario de justicia, Jack Straw, que instan a Brown a que dé un paso al costado. Una fuente señaló: “Ahora le corresponde a Brown probar que debe quedarse”.
Los íntimos del partido sugieren que Brown tiene hasta otoño (boreal) para probar a un partido escéptico que tiene una estrategia para pelear la próxima elección que no dejará al laborismo fuera del poder por una generación. Pero se expresan preocupaciones a altos niveles del gabinete por las fallas que tiene la máquina de Downing Street, posibles divisiones a su interior, y una ansiedad de que el partido ha sido descuidado, con algunos llamando por un presidente a tiempo completo para que restaure la moral.
La derrota del laborismo en Glasgow fue la tercera elección parcial que Brown pierde en nueve semanas, pero por lejos la más humillante. El Partido Nacional Escocés (SNP por sus siglas en inglés) dio vuelta una mayoría laborista de 13.500 para ganar el asiento por 365 votos, un cambio de 22 % que si se replicara en una elección general, solamente sobrevivirían 20 parlamentarios del laborismo.
Se entiende que Straw está profundamente preocupado por la derrota en Glasgow, nominalmente el 25º asiento más seguro del laborismo y su tercero más fuerte en Escocia. Se considera que el secretario de justicia, el siguiente en posición en el gabinete, no favorecerá un derrocamiento, desde que es posible que una elección de dirigentes del partido podría dejar al laborismo aún más debilitado, y requiere que el partido arme una elección general el año próximo que no puede afrontar financieramente. Pero sus amigos dicen que su principal preocupación es el bienestar del partido, la implicación de que él podría no apoyar a Brown indefinidamente.
Un Brown mesurado dijo en la reunión del foro de política nacional en Warwick que estaba completamente concentrado en el trabajo, instando al partido a “tener confianza” en las políticas que dijo “persuadirían” a los votantes a que apoyen al partido en la próxima elección general. Ganó el apoyo de su más factible sucesor, David Miliband, quien pidió al partido que trabajen palmo a palmo en un claro mapa de ruta para tratar con las cuestiones que preocupan a los votantes –trabajos, construcción y comportamiento antisocial.
Presión de los sindicatos
Pero en un signo de fracaso de la disciplina, y un debilitamiento de la autoridad de Brown, Paul Kenny, el líder de la unión general de trabajadores británicos (GMB), llamó a los parlamentarios laboristas que realicen en otoño un voto de confianza para oxigenar el aire. Kenny dijo a los legisladores: “Es tiempo de proponer o callarse. O dan su apoyo a Gordon Brown hasta la próxima elección, o se deshacen de él de verdad. Esa es la realidad de la vida. Los parlamentarios tienen que tomar una decisión fuerte para si quieren ir a una elección con Gordon Brown o tener un concurso [de liderazgo]. El laborismo debe cambiar o estamos liquidados”.
El llamado provocó una respuesta furiosa de John Hutton, el secretario de negocios, que preguntó: “¿Quiénes son los sindicatos para decir esto hoy?”.
Los líderes de los sindicatos aumentaron la presión sobre Brown en el foro para lograr un gran cambio en la agenda gubernamental sobre los aumentos de impuestos, los impuestos por ganancias inesperadas a los beneficios de las compañías de energía, y un retroceso del libre mercado en los servicios públicos.