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Haniyeh, dirigente del grupo fundamentalista islámico Hamás, reiteró la línea dura de su organización pese a las sanciones económicas de Occidente que han llevado a la bancarrota a su Gobierno, conduciendo a huelgas y demostraciones de empleados públicos y a enfrentamientos con policías leales a su rival, el partido al Fatah.
El Premier palestino dijo que Hamás y el Gobierno son entre sí "indistinguibles" y que no "reconoceremos ni normalizaremos" las relaciones con Israel. Señaló que el principal problema con el plan de paz, presentado en el 2002 por Arabia Saudita y respaldado en una cumbre árabe, es que reconoce a Israel a cambio de una retirada israelí de la Cisjordania, la Franja de Gaza, Jerusalén oriental y los Altos del Golán.
Haniyeh sugirió que las negociaciones con Israel serán dejadas en manos del Presidente palestino Mahmud Abbas, que también encabeza a al Fatah. El líder de Hamás indicó que el plan árabe "deja amplio espacio para maniobras políticas" por parte de Abbas.
Haniye dijo que todavía tiene esperanzas de un gobierno de unidad nacional con al Fatah, pero Abbas declaró la semana pasada que las negociaciones habían fracasado.
Estados Unidos y Europa insisten en que cualquier gobierno palestino debe aceptar tres condiciones básicas antes de que Occidente reanude su ayuda: reconocimiento de Israel, abandono de la lucha armada, y aceptación de previos acuerdos de paz entre Israel y la Autoridad Palestina.
Entre tanto, el Viceprimer Ministro de Israel Shimon Peres recomendó paciencia. En declaraciones a un canal de televisión, Peres dijo "al final, el pueblo palestino quedará decepcionado" por la incapacidad de Hamás para gobernar.
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