Cerca de la capital del territorio canadiense de Nunavut, líderes financieros de las naciones más ricas del mundo iniciaron una cumbre en Canadá, la del G7 para discutir diferentes temas: entre ellos se encuentran las formas de disipar las preocupaciones sobre la creciente deuda del sur europeo, que podría desbaratar la frágil recuperación global y la reducción o anulación de la deuda a Haití.
El ministro de Finanzas anfitrión, Jim Flaherty, señaló que los problemas de deuda en el sur de Europa ya eran clave incluso antes de que los ministros del Grupo de los Siete y los banqueros centrales arribaran a la cumbre y estableció la existencia de un "fuerte movimiento" del G7 hacia una reducción de la deuda de Haití después del sismo del 12 de enero.
"Hablé con algunas instituciones financieras internacionales representadas aquí y pienso que hay un fuerte movimiento hacia una anulación de la deuda y hacia una asistencia a Haití", manifestó.
Envuelto en un grueso abrigo, antes de una cena formal de inauguración, Flaherty expresó: "El Banco (Central) Europeo, por supuesto, está aquí y hay preocupaciones sobre Grecia".
Las bolsas cayeron la semana pasada ante temores de que podría necesitarse un plan de rescate y la divisa europea se debilitó cuando las preocupaciones por problemas fiscales en Grecia, España y Portugal se convirtieron en una prioridad en la cambiante lista de preocupaciones de inversionistas.
El G7 incluye a tres economías europeas clave -Alemania, Francia e Italia-, convirtiéndose en un foro natural para diálogos con Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón y Canadá.
Por su parte, el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schaeuble, al llegar a Iqaluit, intentó reducir las especulaciones respecto a que la divisa europea de 16 naciones enfrenta serios problemas, pero dejó en claro que la Unión Europea (UE) está consciente de los riesgos y resuelta a lidiar con ellos.