Con un solo voto de diferencia, los diputados y senadores de la Asamblea Nacional francesa aprobaron el proyecto de reforma constitucional impulsado por el Presidente Nicolás Sarkozy que modifica cerca de la mitad de los 89 artículos de la Ley Fundamental francesa que data de 1958. Considerada una de las principales apuestas de Sarkozy para modernizar la V República, con el voto en Versalles se culmina un año de reflexión, debates y enfrentamientos, exacerbados a medida que se acercaba el momento del plebiscito definitivo. Se trata de la vigésimo cuarta revisión constitucional desde 1958 y del décimo sexto Congreso de la historia de la V República.
Con 539 votos a favor y 357 en contra, había incertidumbre de que no se aprobara el texto, ya que se necesitaba el sí de al menos tres quintos de los sufragios expresados por los legisladores, un listón que no alcanzaban por sí solos el partido conservador de Sarkozy, la UMP y sus aliados.
Se escuchó un suspiro de sorpresa al conocerse el resultado anunciado en el hemiciclo del Congreso, reunido en Versailles, antes de que los legisladores de la mayoría se levantaran y aplaudieran.
Ampliamente respaldado por los franceses, según una encuesta, la reforma reforzará los poderes del Parlamento, encuadrar los del jefe de Estado y dar más derechos a los ciudadanos, pero también tiene implicaciones de política exterior. Así mantiene la obligatoriedad de someter a un referéndum toda futura ampliación de la Unión Europea (UE) - incluida por tanto la eventual adhesión de Turquía a la UE rechazada por una mayoría de los franceses -, pero abre la posibilidad de que el jefe de Estado opte por la vía parlamentaria si se lo piden los legisladores.
La reforma limita a dos los períodos presidenciales consecutivos, somete ciertos nombramientos presidenciales a la aprobación parlamentaria y permite al Parlamento a establecer la mitad de su propia agenda en vez de que el Gobierno decida todo el programa. Además, el Presidente podrá dirigirse directamente al Parlamento, un privilegio con el que no contaba hasta ahora.
Los dirigentes del Partido Socialista (PS), de los comunistas y Verdes dijeron la semana pasada que sus formaciones votarían 'no'. El líder del PS, François Hollande, había dicho que el texto sólo beneficiaría al jefe de Estado, mientras que la ex candidata socialista al Elíseo, Ségolène Royal, acusó al "poder" de tratar de "comprar a parlamentarios" para hacer adoptar "un texto mediocre.
La votación se vio precedida de un gran suspenso por la anunciada negativa de los socialistas a aceptar un texto que juzgaban insuficiente para garantizar los derechos de la oposición, mientras que el Elíseo se movilizó intensamente para evitar lo que se habría considerado sin duda como un duro golpe al Presidente de la República.