Independientemente de quien se proclame vencedor el 6 de mayo, en la segunda ronda, una nueva generación de dirigentes asumirá el poder tras estas elecciones, precedidas de una agitada campaña y de la publicación de sondeos dispares que sólo coinciden en el alto nivel de indecisión de los votantes.
Por ello, los comicios presidenciales en Francia provocaron un inusitado interés entre los ciudadanos y atrajeron la mirada atenta y curiosa del extranjero.
Los franceses en ultramar y en el extranjero abrieron ayer la primera vuelta de la elección presidencial, un día antes que los electores en territorio metropolitano, que votarán hoy.
En total, alrededor de un millón de franceses, de entre los 44,5 millones inscritos, eran esperados para depositar su voto ayer.
Fueron los habitantes de Saint-Pierre y Miquelon, archipiélago francés del Atlántico norte, frente a las costas de Canadá, quienes dieron inicio a las elecciones. Luego lo hicieron los votantes de la Guyana, las islas de Martinica y Guadalupe y los franceses expatriados en las Américas.
Mientras, en Francia metropolitana, en este día de reflexión tras el fin de la campaña, el viernes a medianoche, se registraron dos incidentes: actos de propaganda en Marsella (sureste) y unos disturbios en la isla de Córcega, donde resultaron heridos cinco policías.
Fuentes judiciales dieron cuenta de que Patrick Menucci, director adjunto de campaña de la candidata socialista, Segolène Royal, acompañó a unos militantes que distribuyeron octavillas en Marsella.
Por su parte, el partido del conservador Nicolas Sarkozy organizó un desfile con unos 150 militantes que soltaron balones en la misma ciudad.
En Córcega (sur), cinco policías resultaron heridos leves tras una manifestación nacionalista en Ajaccio con la que se pretendía interpelar a los candidatos y reclamar "una solución política" en Córcega, es decir, principalmente el derecho de autodeterminación.
En Bastia (norte de Córcega), una persona resultó herida anoche en un atentado con explosivos contra una agencia del Tesoro Público, mientras que otro atentado dañó la oficina de Asuntos Marítimos de esa misma ciudad, informaron fuentes policíacas y judiciales.
Los dos favoritos para hoy, Nicolas Sarkozy, de 52 años, y Ségolène Royal, de 53 años, conscientes del divorcio existente entre la clase política y los ciudadanos, prometieron abanderar una nueva forma de gobernar más cercana al pueblo.
Otro ingrediente novedoso en el menú electoral fue la entrada en liza de un tercer hombre, el centrista François Bayrou, de 55 años, que podría recabar el voto desencantado de la derecha y la izquierda y acabar así con la alternancia bipartidista que ha marcado los gobiernos de los últimos 25 años.
Más allá de su ideología política, los 12 candidatos que se presentan a estas elecciones prometieron dar una nueva imagen a una Francia estancada que busca su lugar en el mundo globalizado y no encuentra respuestas para las grandes angustias de sus ciudadanos, comenzando por el alto nivel de desempleo o la pérdida de poder adquisitivo.
Los electores, por su parte, siguieron con entusiasmo esta campaña y aunque millones de ellos todavía no saben a quién votarán el domingo, todo indica que acudirán en masa a las urnas, a diferencia de las últimas presidenciales de 2002, en los que el 28,4% se quedó en casa en la primera vuelta.
Prueba de este interés es que casi dos millones de franceses --un récord absoluto-- se inscribieron en el último año en las listas electorales, los debates televisivos registraron audiencias sin precedentes y miles de personas abarrotaron los mítines electorales.
Los franceses tienen muy fresco en la memoria el inesperado paso a la segunda vuelta en 2002 del líder de la extrema derecha, Jean Marie Le Pen, que eliminó al socialista Lionel Jospin y provocó una verdadera hecatombe política. El conservador Chirac, hoy de 74 años, ganó entonces la segunda ronda por una mayoría aplastante.
Al cierre de la campaña, el viernes a medianoche, momento a partir del cual la ley francesa prohíbe publicar sondeos, el resultado de hoy seguía siendo una verdadera incógnita y las hipótesis de cara a la segunda vuelta se multiplicaban.
El gran número de indecisos así como los millones de electores que se decantarán por el "voto útil" en detrimento de los ocho candidatos menores tendrán un papel crucial hoy.
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