Un hombre armado que había tomado a decenas de niños rehenes en un autobús en la capital filipina aceptó el miércoles entregarse a la policía a las 7 p.m. (11:00 GMT), informó un agente policial.
"Hay un acuerdo para que se rinda a las 7 p.m.", informó el portavoz Cipriano Querol, sin que hubiera más detalles disponibles de momento.
Se cree que el secuestrador tiene un cómplice.
El autobús llevaba a 31 niños pequeños y dos profesores. Uno de los niños, que tenía fiebre, fue dejado en libertad por los hombres, que se cree que están armados con granadas, una ametralladora Uzi y un revolver y habrían llevado a cabo su acción aparentemente para denunciar la corrupción en el país.
Uno de los secuestradores dijo que se entregaría si se le prometía que 145 niños de una guardería en el barrio de Tondo recibían educación, según la televisión.
También pidió poder hablar en televisión y se le entregó un teléfono móvil conectado a las redes
locales.
"Lamento mucho haber capturado a estos niños en una acción violenta para llamar la atención del pueblo filipino y abrir sus mentes a la realidad política", declaró el hombre, que se identificó como Jun Ducat.
"Hay tanta corrupción en el país. Somos el número uno en la corrupción en Asia", afirmó en un discurso que duró al menos 15 minutos.
"Hago un llamamiento al pueblo filipino para que detenga el sistema político podrido. No confíen en los políticos para su futuro. Nadie puede ayudarlos, salvo ustedes mismos", declaró.
Ducat y al menos otro hombre capturaron el autobús que trasladaba a niños de una guardería y lo aparcaron cerca del ayuntamiento de Manila, en el centro de la ciudad de 12 millones de habitantes.
Los niños, de entre cuatro y seis años, realizaban una visita guiada a Manila y a un pueblo cercano. Pese a que llevan encerrados horas y el autobús se encuentra a pleno sol, los niños no parecían estar incómodos.
La televisión mostró imágenes de algunos pequeños saludando cuando se abrían las cortinas de las ventanillas.
Decenas de policías de élite rodearon el vehículo, mientras miles de personas observaban desde la distancia.
(Reuters)