Finalmente, tras una ardua investigación reflejada en un reporte del Mando de Fuerzas Conjuntas norteamericano, el Pentágono admitió que no había ninguna evidencia que pruebe una conexión directa entre Saddam Hussein y el grupo al-Qaeda, según se pudo chequear en los documentos analizados y en entrevistas efectuadas a ex funcionarios importantes del derrocado régimen iraquí.
Dos de los principales argumentos por los que EEUU decidió invadir Irak el 20 de marzo de 2003 fueron, por un lado, la existencia de armas de destrucción masiva en posesión del régimen iraquí; y por otro, el vínculo entre al-Qaeda con Hussein.
El reporte no se publicó masivamente, por el contrario, sólo se pudo acceder a él por encargo y por correo.
Si bien es cierto que otros informes, como el de la comisión investigadora de los atentados del 11-S, habían arribado a una conclusión similar, esta vez el Pentágono pudo tener acceso a una mayor información, según indicaron los medios de comunicación norteamericanos.
El informe presentado desvinculó a Hussein de al-Qaeda. Sin embargo, reveló "fuertes evidencias" que involucran a su régimen con el terrorismo "regional e internacional", con anterioridad a la denominada "Operación Libertad" norteamericana.
De acuerdo con el informe, los objetivos predominantes del terrorismo de Estado del régimen de Hussein fueron ciudadanos iraquíes, dentro y fuera del país.
El objetivo de los servicios de inteligencia de Irak, en algunas ocasiones, eran los enemigos del régimen, entre los que incluía a personas o entes extranjeros, por medio del "patrocinio" de grupos terroristas no gubernamentales.
El reporte indicó que el régimen iraquí de entonces cooperó directamente en varias oportunidades, aunque cautelosamente, con grupos terroristas, cuando creía que podían ayudar al Gobierno a alcanzar sus objetivos de largo plazo, indicó el informe.
El régimen documentó "cuidadosamente" sus conexiones con organizaciones "de terror" palestinas en "numerosos memorandos gubernamentales", reveló el Mando de Fuerzas Conjuntas.
Uno de esos documentos da cuenta del apoyo financiero iraquí a las familias de los terroristas suicidas en Gaza y Cisjordania.
Según el estudio del Pentágono, el "patrocinio" del terrorismo por parte del Estado iraquí fue una "rutina" tan grande como herramienta de poder, que Irak desarrolló procesos burocráticos para gestionar los resultados y la "contabilidad" de reclutamientos, entrenamientos y recursos a terroristas".
Ejemplos son, según el informe, el desarrollo, construcción, certificación y entrenamiento para autos con bombas y chalecos para terroristas suicidas en 1999 y 2000, concluyó el informe.