Los transeúntes más longevos de Edimburgo padecen‘nostalgia de Escocia’, sentimiento de añoranza de vivir en libertad. “Hace trescientos años que nos entregamos como perros cabizbajos a los ingleses, no tenemos nada que ver con ellos, y bien cerca está el día de recuperar nuestra independencia”, afirma un transportista de Glasgow, quien dice expresar la voz de toda Escocia.
El primer ministro británico, Tony Blair, se encuentra en sus últimos meses de mandato, dejará su puesto en junio. Él, escocés de nacimiento, luchó por los derechos de sus paisanos al llegar al poder en el 97. Convocó un referéndum que les devolvió parte del parlamento, aunque la única cartera importante que les otorgaron fue la de sanidad. Ahora, el nacionalismo escocés ya no reclama un parlamento, reclama la independencia total.
Las diferencias políticas con el gobierno central como el gasto en defensa, la guerra de Irak o la educación, han separado aún más a ambos vecinos. Escocia sigue sin decidir en transporte, educación, economía o seguridad, y sin participar en las votaciones parlamentarias sobre aspectos de su propia región.
El creciente regionalismo-nacionalismo fue el detonante de la vuelta de Alex Salmond al frente del Partido Nacionalista Escocés, SNP, el encargado de llevar a Escocia a su independencia. Salmond representa la idea reaccionaria de los escoceses respecto a sus vecinos del sur. “No creemos en la política imperialista, ni en la guerra de Irak, ni en las armas nucleares, ni en el exagerado gasto en política militar, creemos en la educación, en las energías renovables, en la paz y en la libertad de elegir” afirma Salmond.
Escocia ahora está gobernada por una coalición del partido laborista y del liberal demócrata con 50 escaños para ambos por 25 del SNP. Sus ambiciones para Escocia han sido excesivamente tímidas según su población, que esperaba conseguir mayores metas de autogobierno en esta última legislatura.
El Partido Nacionalista Escocés cuenta con más tradición; se formó en los años 30, dentro de una Europa dominada por los imperios y en respuesta a las exigencias de una población que nunca olvidó ese pasado prospero escocés.
Supervivencia escocesa
Los deseos de libertad, no se corresponden, a veces, con la realidad y las posibilidades económicas. De hecho, existe un gran número de escoceses que piensan que no podrían sobrevivir sólo con sus bienes. Para los unionistas las posibilidades reales del petróleo no podrían mantener el carísimo proceso de independencia. Lejos de convertirse en una nación rica Escocia se sumiría en un profundo déficit que, según sus estudios, se situaría entre los seis y los once billones de libras, algo que haría disparar las tasas y los impuestos que tirarían por tierra muchos negocios del norte de la isla.
Los analistas opinan que los principales inversiones en educación y el gasto de las pensiones, desajustarían por completo la economía nacional. La cuestión europea también les preocupa y pronostican que tal hendidura en la ‘UK’ impediría continuar en la Unión Europea.
A pesar de tener al ‘gobierno central’ en contra, Escocia podría ser el estado pionero en salirse de una unión económica en tiempos de la Unión Europea. Los nacionalismos españoles también viven muy pendientes del futuro escocés.
Los comicios de mayo sacarán de dudas a los escoceses y verán, entonces, si son capaces de rivalizar con el gobierno inglés.