Según los medios de comunicación locales, la corriente salafista logró 21 escaños en la Asamblea, cuatro más que en la Cámara anterior, disuelta en marzo tras los incidentes entre diputados y Gobierno.
La causa de los enfrentamientos fue la iniciativa de dos legisladores chiítas de celebrar en marzo la memoria de Imad Mughnieh, un jefe del Hezbalá libanés muerto en un atentado en Damasco.
En tanto, que sus aliados del Movimiento Constitucional Islámico (MIC), brazo político de los Hermanos Musulmanes, compuesto de sunitas moderados, sufrió un retroceso, al conservar sólo la mitad de los seis escaños que tenía en el Parlamento anterior.
La minoría chiita logró un nuevo escaño y tendrá ahora cinco, y los liberales lograron siete, perdiendo así un escaño.
Los chiitas conforman un tercio de la población de Kuwait, que cuenta con poco más de un millón de habitantes.
El proceso electoral, en el que el pequeño pero rico país del Golfo Pérsico, fue dividido en cinco circunscripciones y no en 25 como ocurrió en las elecciones de 2006.
Las autoridades aseguran que al menos el 60 por ciento de los 361.657 kuwaitíes con derecho a voto participaron en los comicios, y que éstos se desarrollaron en un 'ambiente de transparencia y calma', y sin incidentes.
Las mujeres representan poco más del 56 por ciento del electorado, y la amplia afluencia de ellas a las urnas había llevado a varios analistas a pronosticar la victoria de al menos tres de las 27 candidatas (del total de los 275 aspirantes).
Entre estas se destacaban los nombres de las liberales Rola Dashti, Fatima Abdali y Asil al Awadi, ésta última de la Alianza Nacional Democrática y las dos primeras se presentaban como independientes.
Sin embargo, ninguna de ellas logró hacerse con un escaño en el Parlamento kuwaití, al igual que como ocurrió en el año 2003. Esta era la segunda vez en la historia del país que las mujeres kuwaitíes podían votar y presentarse como candidatas en unas elecciones legislativas.
Pese a ser el único país árabe del Golfo Pérsico con Parlamento completamente elegido de forma democrática, el gobierno no necesita el apoyo de una mayoría y además la dinastía de los Al Sabah controla los principales ministerios del país, que es el cuarto mayor exportador de la OPEP.