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En medio de severas medidas de seguridad fueron abiertos los locales de votación para el referéndum sobre reformas constitucionales en Egipto.
Al mismo tiempo, distintos grupos políticos de la oposición pidieron el boicot de la votación y convertieron este referéndum en una prueba al apoyo popular al Ejecutivo de Mubarak. La oposición acusa al Gabinete del presidente de introducir paulatinamente reformas que recortan los márgenes de actuación política.
En este sentido, el principal y más perseguido grupo de la oposición, la Hermandad Musulmana, anunciaron que celebrarían una manifestación a pesar de la prohibición gubernamental. De hecho, en la capital egipcia, El Cairo, los servicios de seguridad dispersaron a golpes a grupos de manifestantes y arrestaron a unas veinte personas que participaban de una protesta.
Los egipcios fueron convocados a pronunciarse sobre la modificación del artículo 34 de la Constitución, que busca reforzar los poderes de la policía en la llamada lucha contra el terrorismo. El gobierno sostiene que esa reforma otorga mayores poderes al parlamento. El Presidente de Egipto, Hosni Mubarak, declaró que los cambios en la carta magna son para democratizar el país.
Según la oposición, la reforma constitucional tiene por objetivo poder disolver rápidamente el parlamento, además de mantener fuera del órgano legislativo al movimiento Hermandad Musulmana.
En un discurso, Mubarak se mostró despectivo ante las dudas sobre el índice democrático de las reformas constitucionales manifestadas por la Ministra de Relaciones Exteriores de EEUU, Condoleezza Rice.
El hijo del presidente, Gamal Mubarak, instó a la población a que votara en masa, al tiempo que añadió que 34 enmiendas eran un "paso muy importante", en su opinión, "para llevar a cabo posteriores reformas políticas".
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