El coronel Jeffrey Chessani, el más alto oficial en haber sido inculpado en un caso de crímenes de guerra en Irak desde su invasión en 2003, fue uno de los ocho marines acusados por la matanza de Haditha.
Chessani enfrentaba los cargos de haber "faltado a su deber de oficial" y de "no haber ejecutado una orden legal". Según la fiscalía, los marines mataron a 24 civiles, entre ellos mujeres y niños, en momentos en que inspeccionaban varias viviendas tras la muerte de un camarada en la explosión de una bomba artesanal en dicha localidad iraquí, 260 km al oeste Bagdad.
Con la decisión del juez militar coronel Steven Folsom, ya son seis los soldados que lograron que se desestimaran los cargos en su contra, mientras otro fue absuelto de ir a una corte marcial. Aunque, el sargento Frank Wuterich aún enfrenta la corte marcial.
El caso ocurrió en noviembre de 2005 y provocó la condena de la comunidad internacional sobre el accionar de las fuerzas estadounidenses. Testigos iraquíes dijeron que los marines masacraron a civiles desarmados después de que uno de sus compañeros, el soldado Miguel "TJ" Terrazas, muriera en un ataque con una bomba colocada al costado de un camino.
Por su parte, los abogados defensores argumentaron que los civiles murieron durante una batalla campal contra insurgentes en Haditha y sus alrededores.
Sin embargo, según el acta de acusación, no había tales insurgentes y, por vengar la muerte de su camarada, los militares empezaron a disparar durante tres horas en un pueblo e incluso atacaron con armas de fuego a los cinco ocupantes de un taxi que se acercaba a la localidad.
De los ocho marines acusados, cuatro eran soldados que estuvieron presentes en el lugar de los hechos y los otros cuatro, oficiales, acusados de no haber realizado las investigaciones pertinentes para conocer las circunstancias de la tragedia.
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