Los jefes de Estado y de Gobierno de los países iberoamericanos no consiguieron consensuar un texto conjunto sobre la crisis de Honduras. Ante la falta de acuerdo de los líderes, se rebajó la declaración final recogida en un comunicado, elaborado por la Presidencia portuguesa y aceptado por todos.
Según el comunicado, los jefes de Estado y Gobierno "han analizado la situación en la República de Honduras incluyendo la celebración de elecciones el día 29 de noviembre y han tenido posibilidad de recibir informaciones y conocer la lectura de la situación hecha por Gobierno de Honduras". Los dirigentes reiteran la condena del golpe de Estado y "consideran que la restitución del Presidente Zelaya hasta completar su periodo constitucional (27 de enero) es un paso fundamental para el retorno a la normalidad constitucional".
Piden que cese el hostigamiento a la Embajada de Brasil en Tegucigalpa y aseguran que los jefes de Estado y Gobierno de los países iberoamericanos "seguirán contribuyendo activamente en la búsqueda de una solución que permita la apertura de un diálogo nacional en Honduras y en devolver el régimen democrático al pueblo hondureño".
Previamente, el Presidente de Brasil, Luis Inácio Lula da Silva, se había marchado de la reunión y había reiterado que no va a reconocer al Gobierno de Porfirio Lobo, ganador de las elecciones hondureñas. Lula dijo que esta cumbre no estaba destinada a discutir sobre Honduras. En la misma línea de rechazo, los países miembros de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA) afirmaron mediante una nota que no reconocen las elecciones "ilegales e ilegítimas" en Honduras.