El Presidente Oscar Arias enfrentó este lunes las primeras protestas en su gobierno contra el tratado de libre comercio que los países centro americanos y República Dominicana firmaron con Estados Unidos en el 2004 y que sólo Costa Rica no ha ratificado aún.
Aunque la Coordinadora nacional de lucha contra el TLC (tratado de libre comercio) había augurado un apoyo masivo, los grupos distribuidos por toda la capital tuvieron que esperar hasta lograr una cantidad suficiente para iniciar las marchas.
Al final unas cinco cuadras de calle alrededor de la sede del Congreso quedaron copadas de gente dando un estimado visual de alrededor 10.000 personas. Pero Danilo Rojas de la Asociación de Profesores, dijo que fueron entre 25.000 a 30.000, y Jorge Arguedas, del sindicato del Instituto de Electricidad, informó a la AP que fueron 60.000 personas.
Rojas destacó que en todo el país la participación rondó el medio millón de personas, con importantes concentraciones en zonas como Limón en el Caribe y San Carlos, en la zona norte. Hasta el momento las autoridades no han dado estimaciones de asistencia.
La mayor convocatoria capitalina provino de estudiantes y sindicatos de la Universidad de Costa Rica, que se unieron a otras universidades estatales y a representantes del sector educación e hicieron colapsar el tránsito por la principal vía de acceso al este de San José y algunas en el centro. Entre ellos unos jóvenes con sus rostros ocultos insultaron a varios periodistas que cubrían la actividad mientras gritaban "prensa vendida".
"No al TLC, no al TLC... hoy (por ayer) ya estamos en las calles, el martes seguiremos aquí y seguiremos para defender los intereses de los sectores populares del país", se escuchaba en los altavoces. La mayoría de los participantes vestían de blanco y portaban banderas, pancartas, globos y hasta tambores.
"Es cierto que la decisión (sobre el CAFTA-RD) se tomará en la Asamblea Legislativa, pero los diputados verán lo que sucede en las calles y aunque la decisión de la Asamblea se respetará, sabemos que la decisión de las calles será tan potente e impactante que no habrá diputado que se atreva a votar eso", manifestó el lunes Albino Vargas, secretario de la Asociación de empleados públicos y privados (Anep), la mayor gremial del país.
Así las cosas, y sin que en la práctica, el CAFTA pueda ser renegociado, el país camina hacia una confrontación que el gobierno quiere dirimir en la Asamblea Legislativa donde cuenta con una mayoría holgada, que podría eventualmente llegar a los 38 votos necesarios para conformar dos tercios del total de 57 parlamentarios.
Resistencia a apertura
El tratado impone nuevamente la apertura de las telecomunicaciones, la electricidad y los seguros, lo que despierta, otra vez, una gran resistencia entre la población.
Sin embargo, Arias ha reiterado su decisión de verlo aprobado, pues, en su opinión, es garantía de inversiones y buenos empleos para los costarricenses.
Los opositores opinan lo contrario. Aseguran que no solo no garantiza empleos, sino que empujará el país por el camino de México, donde 12 años de un tratado de libre comercio con Estados Unidos no ha impedido el crecimiento de la pobreza y del empleo informal.
"Estoy en contra del TLC porque no nos beneficia. México tiene doce años de TLC y cada vez están más pobres. Los gringos están construyendo un muro para contener a los trabajadores mexicanos que emigran porque no tienen qué hacer en su país", dijo a BBC Mundo Xinia Ramírez, contadora, que desfilaba contra el tratado.
No es el único argumento de los que hoy (por ayer) )salieron a las calles. Entre ellos estaba Rolando Araya, candidato presidencial del socialdemócrata Partido Liberación Nacional en el 2002, el mismo al que pertenece el presidente Arias.
"Estoy aquí porque este pueblo está haciendo una manifestación de dignidad, al rechazar un tratado tan mal negociado, un tratado que, más allá de aspectos comerciales se ocupa de cambiar nuestro sistema político. La democracia está siendo sustituida por corporatocracia", declaró a BBC Mundo, en medio del ruido de los bombos y platillos que acompañaban la marcha.