Las sospechas de que Kim Jong-Il, el líder del régimen comunista norcoreano, está enfermo de gravedad, se desataron cuando no asistió a una celebración, inesperadamente de escala pequeña, del aniversario de su país.
El funcionario, hablando en condición de anonimato, dijo que el estado exacto de la salud del norcoreano era incierto, pero que no parecía que Kim estuviera a punto de morir.
La salud de Kim Jong-Il es foco de atención intensa entre los gobiernos y expertos de seguridad. Lidera uno de los regímenes más aislados e impredecibles del mundo, uno con un programa de armas nucleares que está en el centro de la preocupación internacional.
Kim no se ha perdido ninguno de los diez desfiles militares o de milicias previos armadas para aniversarios del partido, el ejército y el Estado, cuando columnas de vehículos blindados y lanzadores de cohetes irrumpían con sus estruendos al pasar a través de la plaza principal de Pyongyang al tiempo que las legiones de soldados marchando a paso marcial lo saludaban.
Pero para el sexagésimo aniversario –un hito profundamente significativo en Corea del Norte- hubo sólo un desfile por parte de grupos de milicia a cargo de la defensa civil, al cual Kim no asistió, según informó un vocero en la principal agencia de espionaje de Seúl, el Servicio Nacional de Inteligencia.
Hubo especulaciones sobre la condición de Kim por algún tiempo, informó el funcionarios norteamericano en Washington, pero su ausencia en la celebración es evidencia de que permanece en una condición seria.
Sin embargo, agregó el funcionario, hay algunos indicios de que funcionarios norcoreanos están intensificando las preparaciones para una transferencia de la autoridad.
El diario más grande de Corea del Sur, el Chosun Ilbo, informó ayer martes qeu Kim colapsó el 22 de agosto, citando a un diplomático no nombrado surcoreano en Pekín. El gobierno de Seúl no pudo confirmar el reporte. La agencia surcoreana de inteligencia estaba intentando confirmar informes de la salud de Kim.