El Presidente congoleño Joseph Kabila multiplicó las iniciativas diplomáticas para solucionar la guerra en el este de la República Democrática del Congo (RDC), donde 3.000 nuevos cascos azules reforzarán la misión de la ONU.
La próxima semana se celebrará una cumbre extraordinaria de los dirigentes de la Comunidad Económica de los Estados de África Central (CEEAC) sobre la crisis congoleña, según anunció el portavoz de Kabila, Kudura Kasongo.
La fecha exacta de la celebración de la reunión se desconoce por el momento, pero será "lo antes posible", según el portavoz.
La CEEAC está actualmente presidida por el propio Kabila y está formada por una decena de países. Rwanda, país al que Kinsasha acusa de apoyar a los rebeldes de Laurent Nkunda en la provincia de Kivu Norte (este), abandonó esta organización en junio de 2007.
Este anuncio coincidió con la visita de Kabila a la República del Congo (Congo Brazzaville) y a Angola, donde se entrevistó con sus homólogos Denis Sassu Nguesso y José Eduardo dos Santos, respectivamente. También está previsto que visite Gabón.
En Brazzaville, Kabila estimó en "cerca de dos millones" el número de desplazados por el conflicto en el este de su país, que sufren "una situación humanitaria dramática y catastrófica".
Kabila negó que vaya a pedir apoyo militar a su tradicional aliado Angola, aunque no descartó hacerlo "en el marco de nuestras organizaciones: CEEAC, la SADC (Comunidad del Desarrollo del África Austral) e incluso la Conferencia de los Grandes Lagos".
Luanda apoyó militarmente a Kinsasha en la primera guerra en el ex Zaire (1998-2003) y en las últimas semanas se especulaba con la presencia de soldados angoleños junto a las tropas regulares congoleñas, algo desmentido por ambos países y por la ONU.
El 10 de noviembre, la SADC se mostró dispuesta a enviar, "si es necesario", fuerzas de paz, sin precisar si estos soldados actuarían bajo el auspicio de la ONU.
Por otra parte, el gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) celebró este viernes la decisión de Naciones Unidas de enviar 3.000 nuevos cascos azules al este del país para reforzar su misión (MONUC), aunque también reclamó que se refuerce el mandato de la MONUC.
La MONUC ya cuenta con 17.000 cascos azules, 5.000 de ellos en la provincia de Kivu Norte, donde los combates entre la rebelión y el ejército regular se reanudaron a finales de agosto.
Unos 1.300 cascos azules uruguayos participan en la fuerza de paz de la ONU en la RDC, 629 de los cuales se encuentran apostados en la zona de los combates.
El Ministro uruguayo de Defensa, José Bayardi, anunció la semana pasada su intención de evaluar la permanencia de las topas uruguayas en la MONUC, aunque una decisión de esa naturaleza podría poner en peligro la presencia uruguaya en el resto de las misiones de paz de la ONU.
"La concepción del mandato de la MONUC debe revisarse (...) hace falta darle un mandato más apropiado para adaptarse a las circunstancias sobre el terreno", consideró Bayari, afirmando que los medios de los que dispone son insuficientes.
La rebelión del Congreso Nacional por la Defensa del Pueblo (CNDP) advirtió, por su parte, contra una "sobremilitarización" de la región y abogó porque la ONU promueva el diálogo entre los beligerantes.
Amnistía Internacional reclamó que el despliegue se haga "lo antes posible" para "contribuir a la protección de los civiles".
Sobre el terreno, la situación en el país fue de calma, según la MONUC, aunque los rebeldes acusaron de nuevo a las milicias mai mai (progubernamentales) y a los rebeldes hutus ruandeses de avanzar hacia Kinyandoni (a 80 km al norte de Goma), hacia posiciones abandonadas por el CNDP tras una decisión de retirada unilateral.