En la Alameda de León cientos de oaxaqueños festejaban su "Noche de Rábanos". Vieron expectantes el paso del mandatario, quien aprovechó para tomarse fotografías, saludar, dar besos y afirmar que la normalidad regresó a Oaxaca.
"Prácticamente se han normalizado los patrullajes. La ciudad muy tranquila, la gente muy contenta, las familias saliendo, las familias que vienen de visita, las propias familias de las colonias ya en su zócalo. Es Navidad, una etapa de reflexión y de unidad", dijo.
Ante diversas movilizaciones realizadas en otros países de apoyo al movimiento social oaxaqueño soltó: "Los asuntos de Oaxaca los resolvemos los oaxaqueños. Son los oaxaqueños los que deciden en cada una de las regiones del estado, respetamos las manifestaciones pero los asuntos de Oaxaca los decidimos aquí en Oaxaca. Aquí vemos la normalidad ya en la capital del estado".
A unas calles, en la plazuela de la iglesia de El Carmen Alto, la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca tenía su improvisada "Noche de Rábanos". Fue un día largo para Oaxaca en el que cada cual desarrolló su propia festividad.
El anuncio de APPO para llevar a cabo la "Noche de Rábanos del Pueblo de Oaxaca" en la explanada del templo de Santo Domingo movilizó desde la madrugada a las fuerzas policíacas que acordonaron el edificio. Para mediodía, luego de intensas negociaciones, cambiaron de lugar.
Durante la "Noche de Rábanos" en la plaza principal de la ciudad hay verbena, se montan estantes donde se presentan artesanías navideñas hechas con rábanos, totomoxtle y "flor muerta", al final se premia a la mejor. Es una noche de fiesta previa a la Navidad que data de 1897.
Ayer la ciudad amaneció bajo una enérgica vigilancia policíaca. Alrededor de 300 policías se desplegaron para proteger el templo de Santo Domingo, lugar que se convirtió durante los meses de conflicto en uno de los puntos más importantes para la APPO. El zócalo y la Alameda de León amanecieron también copadas por policías. En la zona donde se ubica el antiguo Palacio de Gobierno y la Catedral se colocaron vallas metálicas y en cada uno de los once accesos al menos 20 uniformados.