Un grupo de colonos israelíes de la ciudad palestina de Hebrón, que han sido condenados a desalojar su casa, se vengaron pintando hirientes grafitis en una mezquita y cometiendo actos vandálicos en el cementerio. Este hecho fue captado por varios soldados israelíes, encargados de mantener paz en la región. Además, uno de los soldados resultó herido en un combate con los colonos.
Los colonos escribieron en hebreo "Mahoma es un cerdo" y "Muerte a los árabes" en la fachada de una mezquita; también dibujaron estrellas de David en varias tumbas de un cementerio de la ciudad palestina.
La mezquita y el cementerio se encuentran cerca de un edificio de cuatro pisos en el que se encuentran atrincherados decenas de colonos judíos desde marzo de 2007, desafiando una orden de evacuación de la justicia israelí para que abandonen ese lugar.
Los soldados israelíes patrullan permanentemente la zona, mientras los colonos se han mostrado hasta ahora determinados a seguir en el edificio, cuya propiedad afirman haber comprado de manos de un palestino de Hebrón por 700.000 dólares. El hombre, que vive en la localidad, ha desmentido las afirmaciones de los colonos.
El tribunal supremo israelí ordenó el domingo la evacuación en un plazo de tres días del edificio y señaló que el documento de compra en posesión de los colonos era "falso". El tribunal precisó que la policía evacuará a los colonos por la fuerza en caso de que persistan en su negativa a abandonar el edificio.
Según la sentencia del tribunal, los policías disponen de un plazo de 30 días para proceder a la evacuación de los colonos. Hebrón registra numerosas tensiones entre palestinos e israelíes desde su ocupación por estos últimos, en 1967.
Según un acuerdo con los palestinos, Israel se retiró en 1997 del 80% de Hebrón donde, sin embargo, aún conserva un enclave en medio de esta ciudad habitada por 170.000 palestinos donde viven cientos de colonos bajo la protección del ejército israelí.
Los colonos hebreos realizan regularmente actos de violencia contra la población árabe de la ciudad. Los últimos ocurrieron a finales de octubre y fueron duramente condenados por el primer ministro israelí, Ehud Olmert.