Las nuevas protestas, convocada por estudiantes secundarios y universitarios en Santiago, reunió a más 2.000 manifestantes que marcharon contra la Ley General de Educación (LGE), que se está tramitando en el Congreso.
La marcha, que se desarrolló en forma pacífica, fue autorizada por el Gobierno con la condición de no acercarse a las inmediaciones del Palacio de La Moneda. Sin embargo, un grupo de estudiantes que llegó frente a la sede del Ejecutivo chileno fue dispersados por la Policía con agua a presión y gases lacrimógenos.
Según la edición digital del diario "El Mercurio", medio centenar de estudiantes lanzaron piedras, palos y cristales a los Carabineros y otro grupo de cuarenta encapuchados rompió los cristales de dos coches patrulla de la policía. Además, otros veinte jóvenes prendieron fuego en la vía pública, acto que fue repudiado por los estudiantes, quienes los echaron de la protesta, informó ese periódico.
Desde hace ya varias semanas, estudiantes y profesores vienen realizando numerosas manifestaciones en contra de esta nueva ley, que ahora pasará al Senado, ya que a su juicio aumenta la desigualdad y no soluciona los problemas de la educación pública.
Por su parte, la presidenta chilena pidió a los estudiantes que cesen las movilizaciones, y reiteró su compromiso de "fortalecer la educación pública". Asimismo, exhortó los estudiantes a dialogar.
El portavoz de la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Universiarios y Secundarios (ACEUS), Amador Sepúlveda, le contestó a Bachelet asegurando que los estudiantes están "abiertos al diálogo".
Las protestas han interrumpido las clases y el Gobierno evalúa suspender las vacaciones de cambio de semestre para que no se pierda todo el año escolar
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