El éxodo masivo del campamento continuó hoy después del alto el fuego de anoche, y según estimaciones no oficiales la mitad de sus 40.000 habitantes han abandonado el lugar, donde combaten tropas libanesas y una milicia extremista.
Mujeres, niños, y personas mayores seguían huyendo del campo por
su salida norte. Muchos se iban en autos, camiones y furgonetas, y
ondeaban banderas blancas. “Huimos por seguridad”, gritó una mujer
desde un camión.
El éxodo comenzó varias horas después de que el
grupo musulmán sunníta Fatah al Islam declarara un alto el fuego
unilateral.
Un
portavoz del ejército dijo a DPA que la situación el martes en la noche
era “tranquila en el campo y ambos bandos están respetando la tregua”.
En el interior del campo, las calles estaban desiertas, los edificios destruidos y en llamas, las paredes acribilladas por las balas. Al entrar en el campo por el acceso sur, las tropas libanesas aumentaron las estrictas medidas de seguridad en el puesto de control, comprobando con mucho cuidado las identificaciones.
Dentro del campo, los únicos signos de vida eran gatos extraviados buscando comida a pocos metros del puesto de control del Ejército libanés. Los edificios habían sido reducidos a pellejos consumidos tras varios días de bombardeos.
Caminando por Nahr al Bared, un residente de 60 años gritó: “Todo el mundo se ha ido… no queda nadie aquí”. A la agencia DPA contó que su familia dejó el campo a la una de la madrugada. “Voy ahora a un área fuera del campo”, añadió. Ambulancias y camiones de la Cruz Roja llegaron con suministros de medicinas cuando hubo un momento de calma e enfrentamientos.

Un miembro de la Cruz Roja dijo en la entrada del campo de Nahr al Bared que alrededor de 15.000 refugiados ya se fueron del campo. “El comité internacional de la Cruz Roja intenta ahora conseguir abastecimiento para los refugiados que todavía están en el interior del campo, y también intenta evacuar a algunos heridos”, dijo el cooperante a DPA.
En el campo cercano de Bedawi, las calles y las escuelas estaban abarrotadas con el flujo de refugiados, cuyas necesidades eran atendidas por la Cruz Roja. Las mujeres lloraban, los hombres estaban preocupados y los niños traumatizados.
“Dejamos el campo a pie hasta el de Bedawi… por lo que hemos pasado es horrible”, dijo Ahmed Hussein, un residente de Naher al Bared. “Mis cinco hijos estaban escondidos en el cuarto de baño de nuestra casa durante tres días, sin comida”, asegurò.
Mientras tanto, el gobierno del primer ministró libanés, Fuad Siniora,
negocia con el movimiento palestino Al Fatah el envío de 300 milicianos
para controlar a los extremistas de Fatah al Islam, acuartelados en el
campamento.
“Todas las facciones palestinas están unidas para
lograr que Fatah al Islam desaparezca”, dijo el portavoz de Fatah, el
sultán Abu Al Alinein, que no descartó el uso de la violencia.