Juan Carlos Sánchez Arnau, director de adnargentina.com y adnmundo.com, ex funcionario del Ministerio de Economía y ex diplomático, concedió una entrevista al diario argentino La Nación. Allí conversó con la periodista Florencia Carbone sobre el rearme en la región, la política exterior de la Argentina y los biocombustibles.
-¿Cuál es su lectura del rearme en la región? Brasil sella un importante acuerdo con Francia para adquirir helicópteros y submarinos que incluye el armado del primer submarino nuclear; Venezuela compra armas a Rusia, Colombia a Estados Unidos?
-Creo que las situaciones de Colombia y Venezuela son muy distintas a la de Brasil. Nuestro vecino dice que no es un problema de rearme sino de modernización y es probable porque salvo la Marina, en los últimos años, las demás fuerzas no fueron objeto de un proceso de modernización muy importante. Eso no impide que al mismo tiempo Brasil haya seguido desarrollando su industria militar y que hoy en América latina tenga un liderazgo muy claro en ese sector como lo tiene en otros porque ha tenido continuidad en sus políticas y en sus objetivos. Además, hay un hecho concreto: Brasil descubrió a pocas millas de su costa aparentemente uno de los yacimientos petrolíferos más grandes del mundo, y es lógico que quiera protegerlo. Desarrollarlo exigirá US$60.000 millones, y si alguien hace una inversión así quiere tenerla bien custodiada. No lo veo como un intento destinado a intentar jugar un rol militar diferente al que ha jugado hasta el presente, lo que no impide que al mismo tiempo Brasil esté tomando otras medidas porque tiene un conflicto potencial con Venezuela y Colombia. Y ahí el conflicto es muy distinto. Hace unos días, en una charla que dio en el CARI, Luiz Felipe Lampreia [ex canciller de Brasil], dijo que en América latina con la aparición del chavismo y lo que se ha dado en llamar los populismos del siglo XXI en Bolivia y Ecuador, ha habido un cambio político importante en la región, que perdurará, no es pasajero, y cuyo aspecto más preocupante es que son regímenes que por su concepción tienden a llevar su ideología más allá de sus fronteras. Esto ya es un motivo potencial de inquietud. Por otra parte, hay un conflicto interno todavía no resuelto, como es el de Colombia, vinculado que es el tema de la droga. Esa zona es un polvorín. No es una situación fácil, y frente a eso es comprensible que todos los países afectados, desde Perú hasta Brasil, tomen recaudos para preservar sus fronteras -que son muy extensas y porosas- con mucho riesgo de transmisión de conflictos internos hacia fuera.
Un país sin política exterior
En 2006, tras 43 años de servicio, Sánchez Arnau pidió el retiro anticipado de la Cancillería.
-¿Tuvo el país en algún momento una política exterior coherente y clara?
-Recién egresado del Instituto del Servicio Exterior, me mandaron al departamento de Africa y Cercano Oriente. Una de las primeras notas que llegó, firmada por el Embajador en Egipto, decía algo que me quedó grabado y que creo es absolutamente cierto: "La nota esencial de la política exterior argentina es carecer de política". Eso ha sido bastante constante a lo largo del tiempo. Hemos logrado desarrollar políticas sectoriales, en materia ambiental, de adscripción a los principios fundamentales del derecho internacional y algunas cosas en materia regional, pero donde no hemos sido necesariamente constantes.
-¿Dónde estamos parados en el tema biocombustibles?
-Tenemos un potencial inmenso, concretamente en biodiesel, no tanto en etanol, porque no somos grandes productores de caña de azúcar. Pero en biodiesel empezamos con aceite de soja, que es el más caro de los productos que se pueden usar para producir. Se están haciendo los primeros ensayos con canola, cuyo rendimiento es muy superior, con algas, cuyo rendimiento es aún mejor, y recién se empieza con jatropa. No se ha hecho mucho con tártago, pero hay una capacidad muy grande para hacerlo.