También resultaron heridos tres agentes más y dos supuestos traficantes. El intercambio de disparos tuvo lugar en las barriadas de Coreia y Senador Camará, ubicadas en la zona oeste de la ciudad de Río de Janeiro, luego de que alrededor de 400 policías, incluyendo varios de unidades de elite, llevaron a cabo una redada en busca de armas y con el objetivo de hacer efectivas varias órdenes de captura, según indicó una funcionaria de la policía.
Las fuerzas de seguridad detuvieron, además, a once personas, todas ellas acusadas de formar parte de bandas de traficantes. Dos de los arrestados resultaron heridos en el tiroteo. Los agentes también decomisaron una cantidad no especificada de drogas y armas.
Según indicó la policía, los 10 hombres muertos eran, en su totalidad, narcotraficantes.
Jorge Kaua Silva Lacerda, el niño de cuatro años de edad, recibió un balazo en el corazón y murió en el hospital, informó la policía.
No pudo determinarse inmediatamente si la bala que dio muerte al niño pertenecía a un arma policial o de los narcotraficantes.
Ninguno de los agentes heridos estaba en estado grave.
En una entrevista con la cadena radial CBN, el gobernador del estado de Río de Janeiro, Sergio Cabral, destacó la violenta acción policial.
"La Secretaría de Seguridad tiene carta blanca para actuar contra el tráfico. Tiene mi estímulo para trabajar de esa forma", señaló Cabral a la radio.
El gobernador responsabilizó a los traficantes de atacar a inocentes y después culpar a la policía. Grupos de derechos humanos como Amnistía Internacional afirman que la policía de Río de Janeiro está entre las más violentas del mundo y que tradicionalmente justifica los asesinatos de civiles señalándolos de ser miembros de bandas de traficantes que resistieron el arresto.
La operación policial del miércoles fue la más sangrienta desde que la policía mató a 19 supuestos traficantes en la barriada o favela de Alemao en mayo pasado.
Río de Janeiro registra una tasa anual de homicidios de alrededor de 50 por cada 100.000 habitantes. La mayoría de esas muertes se produce en las cerca de 600 favelas de la ciudad, la mayoría bajo el control de bandas criminales armadas.