"Bolivia no va a romper relaciones con nadie, si quieren retirarse es problema de cada país", aseveró Evo Morales, quién señaló que si Estados Unidos "quiere estar acá (en Bolivia), bienvenido, deseamos relaciones de respeto mutuo con cualquier país".
Morales aseguró, sin embargo, que su gobierno no "permitirá virreyes que cambian ministros; virreyes que observan y cuestionan. Eso se acabó. El que quiera venir aquí, bienvenido. No por ser un país pequeño van a imponer sus intereses, eso ha terminado".
El mandatario boliviano celebró la decisión de los productores de coca por la expulsión de la Agencia de Cooperación de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en la región de Chapare, que financia en la región labores de desarrollo agrícola alternativo.
Por su parte, el gobierno estadounidense recomendó a sus ciudadanos retirarse del trópico de Cochabamba por falta de garantías.
Uno de los últimos episodios de la larga relación de "roces" entre Morales y Estados Unidos ha sido la llamada a consultas de Goldberg por parte de Washington por una violenta marcha contra su embajada en La Paz el pasado 9 de junio y las posteriores declaraciones del mandatario apoyando la protesta.
Los manifestantes protestaban porque los Estados Unidos concedieron asilo político al ex ministro de Defensa Carlos Sánchez Berzaín, uno de los implicados en la muerte de 67 personas y unos 400 heridos en la llamada "guerra del gas" de octubre de 2003, que provocó la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada.
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