"Reitero una vez más: La Paz impresionante; sin muchas alabanzas, quiero decirles yo me quito el sombrero frente a La Paz", indicó el mandatario en una rueda de prensa.
Insistió en que el cambio de sede de los poderes no debe ser tratado en la Asamblea Constituyente, como exigen algunas instituciones políticas y cívicas de Sucre, al sur. También negó que su gobierno hubiera financiado la concentración, como lo señala la oposición. "El gobierno no ha gastado ni un peso", afirmó.
La demanda de Sucre es apoyada por el movimiento cívico del oriente y sur del país, y otros opositores al gobierno para, según Morales, hacer fracasar a la Asamblea y frenar al oficialismo que, además de restar competencias a las autonomías departamentales busca su reelección indefinida.
Morales pidió a la Asamblea y especialmente a esas organizaciones de Sucre, sede del poder judicial y ahora de la Constituyente, que escuchen la demanda del cabildo, donde se conminó a los asambleístas a que retiren del debate la sede de los poderes hasta el 6 de agosto -día de la independencia-; caso contrario, La Paz iniciará un paro indefinido.
"Siento que Bolivia no está mal, siento que Bolivia se dignifica" dijo Morales en su evaluación al año y medio de su gobierno, elegido para una gestión de un lustro.
El presidente elogió particularmente la gestión económica del ejecutivo, particularmente la llamada nacionalización de los hidrocarburos de mayo de 2006, que consistió en la renegociación de contratos con las transnacionales petroleras.
Según el gobernante, la medida permitió que el estado pasara de recibir 300 millones de dólares en 2005 a cerca de 2.000 en este año, aunque analistas económicos y la oposición sostienen que el incremento procede de la ley de hidrocarburos de mayo de 2005, a la que Morales se opuso como diputado y dirigente de los campesinos cocaleros.
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