Miles de simpatizantes de Benazir Bhutto se han concentrado este jueves en la ciudad de Karachi pocas horas antes del regreso de la ex primera ministra tras varios años en el exilio.
Se espera que Bhutto abandone Dubai, donde reside actualmente, hacia las 06:00 GMT y que aterrice en Pakistán dos horas más tarde.
Será el regreso de la que fuera primera ministra tras abandonar el país en 1999 para escapar a las acusaciones de corrupción.
Según su formación política, el Partido del Pueblo Paquistaní (PPP), hasta un millón de personas podrían concentrarse en la ciudad sureña de Karachi, llena de banderas y retratos de Bhutto, pero tomada a la vez por las fuerzas de seguridad ante la posibilidad de un atentado islamista.
En los últimos días, simpatizantes de Bhutto han llegado de todos los rincones del país "a pie, en autobús, en tren, en coche, en bicicleta", explicó el jefe del PPP en la provincia de Sindh, Qaim Ali Shah.
"Comenzamos a caminar hace 12 días, pero no es nada comparado con los sacrificios que Benazir hizo por nosotros", explicó un agricultor, Dana Ram, llegado desde la ciudad de Mirpurkhas (centro) junto con nueve amigos.
Karachi está tomada por 20.000 policías ante las amenazas de un atentado por parte de los islamistas talibanes. Bhutto, que realizará una procesión de 18 horas entre el aeropuerto y el mausoleo del fundador de Pakistán, será protegida por un escudo blindado.
Los paramilitares han tomado el control del aeropuerto de la ciudad, según constataron periodistas de AFP.
Bhutto fue la primera mujer en ocupar el puesto de primer ministro en el mundo musulmán. Dirigió Pakistán en dos oportunidades, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996.
Regresa con el objetivo de devolver la democracia a su país, gobernado ahora por el general Pervez Musharraf, tras un incruento golpe de Estado en 1999. Su futuro político se presenta, no obstante, incierto. Musharraf decretó el pasado 5 de octubre una amnistía para Bhutto, condición impuesta por ésta para negociar un reparto del poder.
Sin embargo, ese acuerdo ha sido puesto en tela de juicio ante la Corte Suprema de Pakistán, que podría declararlo inválido tras su retorno, permitiendo así su arresto.
Por otro lado, todo acuerdo de reparto del poder está sometido al futuro político del general Musharraf.
El jefe de Estado ganó cómodamente la elección presidencial en el parlamento el 6 de octubre, pero su reelección está pendiente de un fallo de la Corte Suprema sobre su elegibilidad y la validez del escrutinio.
Si su victoria es invalidada, el entorno del presidente no ha escondido que impondría el estado de excepción.