El fracaso de la política para formar Gobierno en Bélgica atizó en las últimos días la amenaza de una escición. La situación es tan grave que la número dos de los socialistas, Laurette Onkelinx, habla ya abiertamente de "prepararse" para la división de Bélgica.
El rey Alberto II encomendó el sábado a dos políticos veteranos, uno francófono y otro flamenco, que sigan negociando; sin embargo, varios representantes políticos francófonos hablaron el domingo de una futura partición de Bélgica por la imposibilidad de que los partidos se entiendan y consigan pactar un Gobierno debido a las profundas reformas políticas que exigen los flamencos.
Onkelinx, hasta ahora ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, dijo en una entrevista al diario 'La Dernière Heure' que "no podemos ignorar que una gran parte de la población flamenca lo desea, así que hay que prepararse para el fin de Bélgica".
El partido flamenco independentista NV-A ganó las elecciones del lado flamenco. Su líder, Bart de Weber, lleva en su programa la independencia de Flandes y ha hecho todo lo posible para impedir un acuerdo.
El presidente de la región francófona de Valonia, Rudy Demotte, pidió a sus ciudadanos que se preparen "para todas las hipótesis". Demotte aseguró en la radio RTBF que los francófonos "tenemos que tomar nuestro destino con nuestras manos". Otro líder socialista francófono, Philippe Moureaux, manifestó que Bélgica se adentra "en la organización progresiva de la separación".
Si el resto de las negociaciones no dan fruto, los belgas podrían tener que volver a las urnas. Una opción que podría radicalizar aún más al electorado flamenco y podría laminar a los partidos flamencos que todavía buscan un acuerdo con los francófonos para mantener a Bélgica en pie.