La aeronave Mc Donnell Douglas-82, que sufriera el 20 de agosto pasado el trágico accidente que conmocionó a toda España y que provocó la muerte de 154 personas, quiso despegar sin los flaps, unos alerones imprescindibles a la hora de que el artefacto gane altura. Así fue informado en la jornada de ayer por el diario norteamericano The Wall Street Journal, citando fuentes próximas a la investigación, en la que participan expertos de EEUU.
En este sentido, los investigadores buscan determinar porqué no avisó la señal de alarma de que los flaps estaban mal desplegados, algo que podría ser consecuencia de un fallo eléctrico.
El WSJ aseguró que las primeras informaciones que arrojaron las cajas negras apuntan a que los dos motores del avión funcionaban correctamente y que no hubo fuego antes del impacto. No obstante, por lo menos dos testigos -un sobreviviente y el piloto de un avión que aterrizaba en ese momento- declararon a la Guardia Civil española que vieron fuego en el motor izquierdo, si bien el video que grabaron las cámaras del aeropuerto no muestra ningún incendio.
El diario asegura que los flaps -que salen por la parte trasera del ala para sustentar el avión al tomar altura en el despegue- no estaban desplegados. De esta manera, provocan que el avión no pueda levantar vuelo, hecho que concuerda con las declaraciones de los sobrevivientes en ese sentido, que afirmaron que el avión parecía "no tener potencia al intentar despegar". Pilotos consultados explican que si el piloto intentó despegar es porque había alcanzado -o estaba muy próximo- a la velocidad crítica, a partir de la cual no puede abortar el despegue, lo que descartaría el fallo de potencia en los motores.
Si bien algunos pilotos consultados señalaban la posibilidad que el accidente hubiese sido ocasionado por un fallo en los flaps, la comisión de investigación de accidentes aéreos del Ministerio de Fomento español no lo confirmó, señalando por medio de la única conferencia de prensa que brindó que aún se encontraba recolectando datos. Los flaps están en la lista de elementos que deben ser chequeados obligatoriamente por los pilotos antes de dirigirse a la pista de despegue. En función de la carga y las condiciones meteorológicas, la tripulación fija un grado de inclinación para los flaps. En teoría, la ausencia de flaps hace que suene una alarma en la cabina para que el comandante aborte el despegue.
El vuelo tenía prevista su salida a la una de la tarde, pero a las 13.25, el comandante, Antonio García Luna, abortó el despegue por una avería. Una señal luminosa en la cabina le indicó que una sonda que mide la temperatura exterior alertaba de demasiado calor. El fallo estaba en que un calefactor que evita que se forme hielo alrededor de la sonda estaba en marcha. Ese calefactor sólo debe funcionar en vuelo. Los mecánicos desconectaron el calefactor, ya que está permitido volar sin él durante 10 días.
La investigación intenta averiguar si hay relación entre el primer fallo y el segundo (la falta de aviso de que los flaps estaban mal puestos). El calefactor no debe funcionar cuando el avión está en modo tierra, al igual que la alarma de los flaps no se enciende si el avión está en vuelo. Es decir, que la aeronave pudo tener un fallo eléctrico que le hizo pensar que estaba en vuelo, por lo que primero puso en marcha el calefactor y luego no avisó del fallo de los flaps.
The Wall Street Journal apunta que el apuro de la tripulación por despegar pudo influir en que no comprobaran si los flaps estaban bien extendidos. El avión llevaba retraso de más de una hora y había protestas entre los pasajeros por la demora y el calor.