Al menos 43 personas han muerto y 38 resultado heridas el martes en un atentado con bomba al este de Argel, informó el Ministerio del Interior argelino en un comunicado sobre uno de los episodios más sangrientos en el país.
La nota, difundida por la agencia de noticias oficial APS, indicó que el atentado tenía como objetivo una escuela de entrenamiento de la gendarmería en Issers, a 55 kilómetros al este de la capital argelina.
Ningún grupo se atribuyó el atentado por el momento.
En los últimos meses, la montañosa región situada al este de Argel ha sido escenario de numerosos atentados llevados a cabo por Al Qaeda en el Magreb, que lucha por establecer un gobierno islámico puro en el país norteafricano, uno de los principales proveedores de petróleo y gas de Europa.
Un atentado suicida costó la vida a al menos seis civiles en Zemuri, también al este de Argel, el 10 de agosto, en un atentado contra barracones de la guardia costera y un puesto cercano de la gendarmería.
El Gobierno dijo que fue en respuesta a una emboscada militar en la que murieron 12 insurgentes en la región montañosa de Kabilie durante la noche del 7 al 8 de agosto.
Los periódicos señalaron que la emboscada era parte de la iniciativa militar contra quienes llevaron a cabo un atentado suicida con bomba que hirió a 25 personas en la localidad de Tizi Uzu, en el este de Argel, el 3 de agosto.
Este atentado se lo atribuyó Al Qaeda en el Magreb, pero no hubo atribución inmediata del ataque del sábado.
El grupo tiene vínculos con activistas de ideología similar en otros países norteafricanos y es la organización armada más activa del país de 34 millones de habitantes, el segundo mayor por tamaño de África.
El grupo se ha atribuido varios atentados en el pasado, incluidas las dos bombas contra una sede de la ONU y un edificio judicial en Argel en diciembre de 2007, en los que murieron 41 personas, 17 de ellos miembros de la ONU.
Argelia está emergiendo de más de una década de conflicto, que comenzó cuando en 1992 el Gobierno, respaldado por los militares, dio al traste con las elecciones legislativas que iba a ganar un partido extremista islámico.
Unas 150.000 personas han muerto en la violencia surgida en los años posteriores.
El derramamiento de sangre remitió en los últimos años y en 2006 el Gobierno liberó a más de 2.000 antiguos insurgentes islamistas bajo una amnistía diseñada para poner fin al conflicto.
Pero un núcleo duro formado por varios centenares de combatientes continúa su lucha como miembros del ala norteafricana de Al Qaeda, que anteriormente era conocido como Grupo Salafista para la Predicación y el Combate.
El líder del grupo, Abdelmalek Drukdel, dijo al New York Times el mes pasado que un número creciente de jóvenes de toda la región se estaban sumando a la organización por la persistente pobreza y la ira contra lo que calificó de guerra de Occidente contra el Islam.