Las extremas medidas de vigilancia aplicadas por los miles de agentes de seguridad, apostados a lo largo de todo el recorrido de la antorcha de los Juegos Olímpicos, no pudieron evitar que, finalmente, la ceremonia se levante y se haga todo el recorrido en colectivo.
Ante la presencia de cientos manifestantes durante el recorrido de la llama hacia el estadio de Charléty y ante las acciones de sabotaje realizadas, las autoridades tuvieron que suspender los relevos varias veces, guardando la antorcha en un ómnibus, llegando a incluso a apagarla por "razones técnicas". Finalmente, los últimos relevos fueron suspendidos.
Apenas la antorcha descendió de la Torre Eiffel, de la mano del ex atleta Stéphane Diagana, un edil de Los Verdes intentó quitársela y fue consecuentemente arrestado. Al mismo tiempo, cientos de manifestantes esperaban la salida de la llama en el Trocadero para llevar a cabo sus protestas. La idea era irse tendiendo en el asfalto al paso del portador de la llama. Dos manifestantes fueron detenidos por intentar hacerlo, dos militantes de Reporteros Sin Fronteras –organización que ya había anunciado actos de protesta, aunque prometiendo no interrumpir el relevo- intentaron saltar el cordón policial para llegar al relevista. Además, los manifestantes increpaban al ex atleta con gritos de "Libertad en China y en Tíbet", mientras agitaban la bandera alternativa de RSF para los Juegos (los aros olímpicos hechos con esposas).
Posteriormente, la llama fue subida a un ómnibus para protegerla de más sabotajes, momento en el que tenía que ser apagada "por razones técnicas", según informó al respecto la policía de París. Apenas dos corredores habían llevado la antorcha. A los pocos minutos, tras el primer intento de proseguir, vuelven a apagar la llama que ya se encontraba en manos de una relevista paraolímpica.
Tantas interrupciones provocaron que los organizadores, tras el relevo frente a la Asamblea Nacional, finalmente decidieran meter la antorcha definitivamente en el colectivo para realizar el recorrido de los últimos relevistas hasta el estadio de Charléty. Ya eran las 12 del mediodía (15.00 GMT), luego de varias horas de caos.
Ecos internacionales
El temor a que se reediten los incidentes y protestas de que ya fueron testigos Londres y París cundió por todos aquéllos países que también recibirán la antorcha. Entre ellos, se encuentra Argentina, donde el presidente del Comité Olímpico argentino, Julio Cassanello, expresó al respecto que "no puedo prever lo que va a pasar en Buenos Aires" cuando la antorcha llegue procedente de San Francisco. Por otra parte, ya se está preparando la contra marcha de la antorcha por un grupo de manifestantes de derechos humanos, que hacen prever que en la ola de protestas internacionales contra Pekín al paso de la llama olímpica, Buenos Aires no será la excepción.
Mientras, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, aseguró que está "muy preocupado por la situación internacional que se ha creado y lo que ha ocurrido en Tíbet". "El relevo de la antorcha ha sido el objetivo y esto nos preocupa; por eso, pedimos una solución rápida y pacífica en Tíbet", señaló Rogge en una reunión de la Asociación de Comités Olímpicos nacionales.