La integración europea se ha topado a lo largo de estas cinco décadas con egoísmos nacionales, miedos, y también con la falta de entusiasmo de los ciudadanos, un "euroescepticismo" que ha dejado su huella en varios referendos con resultado negativo.
Los líderes dudan y los ciudadanos desconfían. El 44% de los europeos considera que su país ha ido a peor desde la integración, según una encuesta publicada por el diario británico Financial Times.
Antes de que apareciera el Tratado de Roma, el proyecto de la Europa unida había dado algún traspiés. La experiencia fallida de la Comunidad Europea de la Defensa (CED) en los primeros años 50, cuya ratificación fue rechazada por los diputados franceses, demostró a los "padres" de la actual UE las dificultades con las que iban a encontrarse.
Impulso francés
Fueron paradójicamente los franceses, en gran parte impulsores de la integración iniciada en la posguerra con figuras como Robert Schuman y Jean Monnet, los que provocaron algunas de las mayores crisis en los primeros años de vida de la CEE.
Hasta en dos ocasiones (1963 y 1967) el presidente Charles de Gaulle vetó la entrada del Reino Unido en la Comunidad, adhesión de importancia fundamental que fue así retrasada a enero de 1973.
El cheque británico y la PAC
Fue también De Gaulle quien provocó una de las mayores crisis políticas de la Europa unida, la de la "silla vacía", al dejar de participar durante un año en las reuniones europeas por su desacuerdo con las negociaciones sobre la financiación de la política agrícola común (PAC).
Los fondos agrícolas estuvieron además en el fondo de la polémica en torno al "cheque británico", y el famoso "que me devuelvan mi dinero" de la primera ministra británica, Margaret Thatcher, que supuso uno de los mayores quebraderos de cabeza para las instituciones comunitarias durante los primeros años ochenta.
Finalmente, Thatcher consiguió un mecanismo por el que el Reino Unido aún recibe una compensación económica por las ayudas agrarias que disfrutan otros países.
Frenos de los ciudadanos
Si en sus primeras décadas de existencia los principales frenos al progreso de la Unión surgieron de los Gobiernos, en los últimos años han sido los ciudadanos los que en más de una ocasión han colocado el proyecto comunitario en un punto muerto.
Primero, los daneses, que en 1992 rechazaron en referéndum el Tratado de Maastricht, para aprobarlo un año después con la incorporación al texto de unas "cláusula de exclusión" que ofrecían a Dinamarca la posibilidad de no seguir al resto de Estados miembros en la integración monetaria, por ejemplo.
Más adelante, Irlanda necesitó también de dos consultas para que sus ciudadanos ratificasen el Tratado de Niza, y en 2003 los suecos rechazaron el euro en otro referéndum.
El mercado único: el euro
El éxito más palpable de la Unión Europea llegó en 2002 con la entrada en circulación del euro, la moneda común, coordinada por un Banco Central Europeo.
Para ese momento, mientras la Unión preparaba la integración de los países ex-comunistas, los líderes europeos vieron la necesidad de un nuevo tratado que englobara y simplificara todos los anteriores.
La Europa de los 27
Ese era el objetivo de la fallida Constitución europea, que desencadenó un explosivo debate en la sociedad sobre las estructuras de poder de la organización, su política exterior tras los desacuerdos de la guerra de Irak y la necesidad de políticas sociales.
La recién estrenada Europa de 25 miembros, tras la quinta ampliación de 2004 vio cómo los votantes franceses y holandeses tumbaban el proyecto en la primavera de 2005.
El bloqueo es total desde entonces. Francia y Alemania han carecido en este tiempo de enérgicos líderes europeístas, y la brecha con los nuevos países del Este han causado y causan quebraderos de cabeza en política exterior y derechos humanos.
El club, entre tanto, sigue creciendo: Rumania y Bulgaria se incorporaron el pasado enero hasta formar la actual Unión de 27 miembros.
Escepticismos
"Si Europa fuera una persona, habría que llevarla al psiquiatra", dice el director de cine polaco Krzystof Zanussi sobre el estado de confusión actual de la Unión Europea.
Los hitos de estos pasados 50 años registran amargas disputas nacional, encontronazos entre grandes líderes políticos, enfados y compromisos en el último segundo que han amenazado el proyecto europeo más de una vez. Quizás Europa nunca haya salido del psiquiátrico.
La encuesta del 'Financial Times' revela datos preocupantes; el 31% asocia a la Unión con un simple mercado económico y un 20% con la burocracia. No preguntan cómo definirían ellos la Unión Europea porque, a estas alturas, nadie lo sabe.