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Perdió su identidad para poder sobrevivir en Afganistán

EFE entrevistó a una joven afgana de 21 años llamada Nadia Ghulan que se someterá el próximo miércoles a una cirugía para reconstruir su rostro, paso previo para recuperar la identidad que perdió cuando hace diez años se hizo pasar por su hermano para trabajar bajo el represivo régimen Talibán.

Nadia Ghula
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Los talibanes asesinaron a su hermano. Y ella adoptó su identidad, se vistió de hombre y salió a trabajar. Lleva 11 años ocultando su sexo y sufriendo las secuelas de una bomba que desfiguró su rostro. El equipo de cirugía plástica del Clínic se lo intentará reconstruir el miércoles y la Associació per els Drets Humans a l'Afganistan (ASDHA), en colaboración con la Obra Social de La Caixa, ha abierto una cuenta --número 2100 3207 02 2200296059-- con el fin de reunir fondos para financiar su estancia médica en Barcelona.

--Su infancia fue un paraíso.
--Sí. Mi padre, farmacéutico, trabajaba en el Ministerio de Sanidad. Vivíamos con desahogo en Kabul. Cuenta mi madre que, antes de la guerra, los parientes le decían que yo era una niña preciosa. Todo el mundo me adoraba. Me invitaban a todas las casas. No me dejaban hacer nada. Era como una muñeca. Iba a empezar mi segundo curso y...

--Llovieron bombas sobre Kabul.
--Sí. Una de aquellas bombas lanzadas por los muyahidines explotó en mi casa. Se incendió y quedó reducida a cenizas. A mí me destrozó los brazos y la cara. Durante mi estancia en el hospital, que duró unos dos años, mi hermano mayor fue al centro a comprar comida y ya no volvió. Se negó a dar dinero al Ejército talibán y lo asesinaron en la calle.

--Y nada volvió a ser lo mismo desde aquel día de 1996.
--Nada. A mi padre se le desencadenó una enfermedad mental, mi madre estaba mal del corazón y mis hermanas eran pequeñas. Solo yo podía mantener a la familia. Pero habían prohibido a las mujeres trabajar fuera de casa. Así que compré ropa de hombre y salí a trabajar como un hombre.
--Pero no era un hombre. Era una niña de 10 años.
--¡Estaba muerta de miedo! Todos me dijeron que era muy peligroso.

--¿En qué trabajó?
--Como tenía los brazos quemados y el campo en Afganistán no está mecanizado, empecé cuidando los pastos para el ganado en una granja. Luego cultivé maíz y trigo, abrí zanjas, recogí verduras y hortalizas.

--¿Nadie se dio cuenta de que era una mujer?
--Nadie sospecha que soy una mujer. Incluso una vez le confesé a la directora de mi escuela que era una chica y no me creyó. Le tuve que mostrar mi pelo y aun así...

--Pero su voz la traiciona.
--Todo este tiempo he permanecido en silencio. No hablaba en mi lugar de trabajo.

--¿Y los pechos? ¿Y las caderas?
--... No quiero que salga en su diario cómo los ocultaba.
--Perdone la indiscreción. ¿Ha llegado a pensar como un hombre?
--No, pero me he acostumbrado a mi papel.

--¿En qué momento se ha permitido ser mujer?
--En ninguno. No ha sido posible.

--¡Eso es insostenible!
--No lo es si tu prioridad es mantener a tu familia.

--Ahogar la identidad tiene un precio...
--He pensado muchas veces en el suicidio, como otras muchas afganas, pero eso sería egoísta. No pensar en mi familia sería una traición.

--Tiene 21 años, los talibanes ya no están y sigue vestida de hombre.
--Si descubrieran mi identidad, la gente se enfadaría. Considerarían que los he estafado. ¡Todo el mundo cree que soy un hombre!

--¿Y el amor? ¿Y la posibilidad de crear una familia?
--He corrido innumerables peligros y he sufrido muchísimo. No puedo pensar en el amor. Solo puedo pensar en cómo llevar adelante a mi familia. ASDHA me costeó los estudios de inglés y de informática, y ahora estudio dirección de empresas para ganarme mejor la vida.

--Imagino que sus padres estarán muy orgullosos.
--Mi madre siempre me ha animado. "Hija mía, tú puedes hacer lo que te propongas", me alentaba. A veces, mamá incluso dice que no solo tiene una buena hija, sino que también tiene un buen hijo.

--¿La situación general no ha mejorado?
--A mi juicio nada ha cambiado. Durante el régimen talibán vivía aterrorizada y ahora sigo aterrorizada. La seguridad en mi país es pésima. Todo el mundo tiene problemas psicológicos. Las mujeres siguen llevándose la peor parte. Y Europa nos tiene un poco olvidados.

--El miércoles se le abrirá la oportunidad de renacer. ¿Ilusionada?
--Sí. Si la operación del Clínic tiene éxito quizá pueda volver a ser una mujer. ¡Estoy cansada de ser un hombre! Quiero tanto vestirme con ropas de mujer... Y vivir con mi familia en otra parte del país, donde no me reconozcan. Pero no estoy muy segura de poder recobrar el rostro que tenía antes de la bomba... Si curan mis heridas externas, sé que las del corazón cicatrizarán rápido. (EFE)

 
 
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