El ejército afgano, respaldado por fuerzas de la OTAN, lanzó este miércoles una ofensiva contra grupos de talibanes agrupados en varias aldeas cerca de Kandahar, en el sur de Afganistán, cinco días después de la fuga masiva de unos mil presos.
Al menos 20 milicianos talibanes fallecieron en los bombardeos aéreos de la OTAN, informó el ministerio afgano de Defensa.
"Las operaciones están en desarrollo en la provincia de Kandahar y se extendieron al distrito de Arghandab, dirigidas por las fuerzas de seguridad afganas, con el apoyo de tropas canadienses de la Fuerza de Internacional de Asistencia a la Seguridad" (ISAF) de la OTAN, confirmaba antes de conocerse la muerte de los talibanes Mark Laity, portavoz civil de la Alianza Atlántica en Afganistán.
"Los combates comenzaron esta mañana. No lograron apoderarse de un solo metro de territorio bajo nuestro control. No tenemos ninguna intención de abandonar Arghandab. Utilizaremos este distrito para realizar ataques contra Kandahar", aseguró por su parte un portavoz de los talibanes, Yusuf Ahmadi.
Según las autoridades afganas, entre 300 y 400 talibanes armados están agrupados desde el martes por la mañana en varias localidades del distrito de Arghandab, a menos de 20 kilómetros al norte de Kandahar.
En el centro del distrito, los soldados del ejército afgano instalaron puestos de control en los que registraban todos los vehículos mientras los helicópteros sobrevolaban la región, constató un corresponsal de AFP.
El martes, la OTAN había lanzado octavillas desde helicópteros y mensajes de radio en los que pedía a los habitantes que se refugiasen sus casas para evitar encontrarse en medio de los combates.
Cientos de familias prefirieron huir de sus aldeas llevándose sus escasas posesiones por temor a los bombardeos.
La OTAN y el ejército afgano habían anunciado el lunes haber enviado refuerzos a Kandahar, para "hacer frente a cualquier amenaza potencial" tras la fuga masiva de la prisión de Kandahar el viernes.
Los talibanes atacaron el viernes por la noche el presidio de Sarposa. Al menos un kamikaze estrelló un coche bomba contra la entrada de la cárcel, abriendo una gran brecha en el tapia del recinto. Un comando tomó después la prisión con armas ligeras y lanzacohetes.
Entre 900 y 1.100 presos se escaparon, entre ellos unos 400 presuntos talibanes, según las autoridades afganas y la OTAN.
La provincia de Kandahar, cuna de los talibanes, es aún hoy en día uno de sus bastiones. A finales de 2006, los fudamentalistas islámicos lanzaron una gran ofensiva para tomar el control de la región en la que sufrieron fuertes bajas.
Pese a la presencia de 70.000 soldados extranjeros en Afganistán, los talibanes emprendieron una sangrienta insurrección desde que fueron expulsados del poder a finales de 2001 por una coalición internacional encabezada por Estados Unidos.