Un tribunal falló a su favor y la empresa tuvo que readmitirla. El pasado jueves reingresó, pero Serra explica que ahora disfruta de mejores condiciones.
Antes no tenía contrato firmado, y ahora tiene condición de indefinida.
Tampoco tenía uniforme y debía cambiarse en el lavabo, y ahora se le ha proporcionado ropa y zapatillas y usa el vestuario de las mujeres.
"Estoy muy extrañada por la amabilidad del supervisor y el director. Ha habido un cambio bestial. No sé por qué", se pregunta Serra.
Gina Serra trabaja como auxiliar en un geriátrico. Su trabajo consiste en bañar, vestir o cambiar de posturas, entre otras funciones, a los ingresados.
La sentencia condena a la empresa a readmitir de manera «inmediata» a Gina y a abonarle el salario que no ha percibido desde su despido, el 26 de enero, hasta que se produzca su incorporación: 33,71 euros diarios. La jueza considera que Euroresidencias despidió a Gina nueve días después de contratarla, un «escaso» espacio de tiempo para valorar su capacidad laboral.