La CE parece dispuesta a suprimir las primas a la producción de materias primas para producir biocombustibles que introdujo en 2003. Bruselas considera que estos subsidios son innecesarios porque los países de la UE ya se han comprometido a que un 10% de sus combustibles sean de origen agrícola en 2020.
El mencionado subsidio, consiste en 45 euros por hectárea que reciben los cultivos “energéticos”, entre ellos la colza, el girasol, la soja, la remolacha, el maíz, la cebada, el centeno, las papas y el trigo.
Sin embargo la revisión de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, está haciendo peligrar la continuidad de éste tipo de ayudas. Según fuentes del Departamento de la Comisaria Europea de Agricultura, Mariann Fischer Boel, el proyecto de directiva sobre promoción de energías renovables, aprobado por la CE el pasado mes de enero, hará innecesarios ese tipo de incentivos.
"Con un objetivo obligatorio del 10% de biocombustibles para 2020, el mercado dispone ya de un aliciente suficiente para su desarrollo", explicaron esas fuentes.
Por ese motivo, Fischer Boel parece dispuesta a incluir la supresión de las primas a los cultivos para biocombustibles en el plan de revisión de la PAC que presentará el próximo 20 de mayo y que deberá negociarse durante los próximos meses.
Además, Bruselas asegura que la desaparición de los incentivos a la producción se compensará, con el previsible aumento de la demanda una vez que la presencia en el mercado de los biocombustibles se generalice.
El Departamento de Boel parece también decidido a proponer que los 90 millones de euros anuales de esa partida se destinen a la investigación y desarrollo de los llamados biocombustibles de segunda generación.
La CE, de todos modos, ya dudaba de la utilidad de los subsidios agrícolas como vía para impulsar los biocombustibles. En 2006, un estudio sobre ese mecanismo de apoyo, realizado por la Universidad de Bolonia por encargo de la Comisión, señalaba que "la
efectividad de la ayuda a los cultivos energéticos se limita a situaciones específicas".
Y recomendaba "un aumento significativo de la ayuda para incrementar su efectividad o la abolición de la medida". El mismo estudio calificaba de "muy modesto" el impacto de la ayuda en la diversificación de ingresos del sector primario y de "insignificante" su contribución a la calidad de vida de los agricultores.
Aun así, el número de hectáreas cubiertas por las ayudas se ha disparado desde 305.000 en 2004 a 1,2 millones en 2006. Y el año pasado se superó el límite de dos millones de hectáreas previstos en el plan de ayudas.