El Parlamento francés aprobó el miércoles por la noche, en una votación en el Senado, una reforma económica que en la práctica pone fin a las 35 horas de trabajo semanal.
La reforma fue secundada por la mayoría parlamentaria (derecha) del presidente Nicolas Sarkozy y criticada por la oposición socialista, que la califica de "regresión social".
Según Unión por un Movimiento Popular (UMP, en el poder) este texto da "la posibilidad a los empleados de trabajar más para ganar más". Se trata "del fin de las 35 horas impuestas", señaló el ministro de Trabajo, Xavier Bertrand.
En este contexto, los sindicatos franceses adviertieron sobre los “perjuicios” que la reforma introduce “en el equilibrio entre vida privada y vida profesional”.
Para el gremio de directivos CGC, que quiere recurrir la futura norma ente el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se trata de "una vuelta al siglo pasado", mientras que la CFDT ve en ella un "ensañamiento ideológico" de la derecha.
La oposición de izquierdas, que recurrirá la ley ante el Consejo Constitucional, acusó a la derecha de "reventar" todas las conquistas sociales.
El texto más criticado por la oposición socialista y los sindicatos es el que permite a cada empresa no aplicar las 35 horas de trabajo semanal, una medida adoptada por el gobierno socialista hace 10 años, y siempre acusada por los conservadores de ser la causa de la falta de competitividad de Francia en estos últimos años.
Caso único en Europa, la limitación de la semana laboral a 35 horas en vez de 39 era una medida emblemática del gobierno socialista de Lionel Jospin, cuyo propósito consistió en luchar contra el desempleo mediante el reparto del tiempo de trabajo.
Una estimación controvertida del Instituto Nacional de Estadísticas indica que, en su momento, las 35 horas permitieron la creación de 350.000 puestos de trabajo entre los años 1998 y 2002. Sin embargo, esa reactivación del mercado laboral fue en gran parte subvencionada por las ayudas públicas pagadas por el Estado a las empresas.
Durante la campaña electoral del año pasado, Sarkozy había calificado las 35 horas como “una catástrofe generalizada para la economía francesa”.
Los senadores también adoptaron otras reformas sociales importantes como la modificación del marco para organizar huelgas o criterios más ajustados para las indemnizaciones del paro.
Beneficios por productividad
La nueva ley mantiene la posibilidad de trabajar las 35 horas, pero da la libertad a cada empresa de negociar directamente con sus trabajadores la duración del esfuerzo laboral.
Así, podrán superar el contingente de horas extraordinarias actual (actualmente fijado en un máximo de 220 horas al año) sin tener que pedir el visto bueno de la inspección de trabajo, siempre y cuando no supere las 48 horas semanales.
Además, las empresas podrán forzarles a renunciar a todo o parte de sus horas y días de recuperación al pedirles que trabajen hasta 235 días al año e incluso, teóricamente, hasta 282, frente al promedio actual de 215.