El Foro de Davos que concluyó oficialmente ayer, provocó un llamamiento casi unánime a favor de que la nueva regulación sea coordinada a nivel mundial.
"Debemos actuar con reglas mundiales para tratar los problemas mundiales. Esto es absolutamente esencial. En caso contrario, avanzamos hacia la catástrofe", declaró el sábado el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet.
El director general del Fondo Monetario Internacional (FMI), Dominique Strauss-Kahn, se manifestó en el mismo sentido: "Se hicieron muchas propuestas muy espectaculares y me congratulo de ver que la voluntad política sigue estando presente", dijo, en referencia al plan Obama. "Pero temo que olvidemos una lección esencial de la crisis, que es la coordinación. Tengo miedo de que no vayamos en esa dirección", agregó.
Durante la primera cumbre del G20 de potencias industrializadas y emergentes sobre la crisis, celebrada en Londres en abril de 2009, los líderes mundiales dieron mandato a dos instituciones internacionales, el Comité de Estabilidad Financiera (FSB) y el Comité de Basilea, para que se encargasen de elaborar una reforma financiera.
La cumbre del G20 de Pittsburgh (EEUU) de septiembre volvió a poner la cuestión sobre la mesa, y poco después Francia y el Reino Unido pidieron un "pacto mundial a largo plazo" de regulación bancaria.
Obama anunció el 21 de enero el proyecto de limitar el tamaño de los bancos y prohibirles ciertas actividades en los mercados para frenar la excesiva toma de riesgos.
Esta iniciativa desagradó a los europeos, que ven en ella una violación de los principios afirmados en el seno del G20, en primer lugar la coordinación. El miércoles, en la apertura del Foro, el presidente francés Nicolas Sarkozy dijo estar "de acuerdo" con Obama pero advirtió del riesgo de una acción aislada de Estados Unidos.