El presidente mexicano, Felipe Calderón, y el titular del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, firmaron ayer un memorándum de entendimiento donde se prevé un desembolso de 2.500 millones de dólares para proyectos de infraestructura en ese país.
Los recursos deberán usarse en proyectos a implementar en los próximos seis años. Entre los planes más importantes figuran la construcción de corredores carreteros longitudinales y transversales, la mejora de los accesos a ciudades, y la ampliación de la capacidad de la red aeroportuaria.
El acuerdo se inscribe en las promesas electorales de Calderón que había presentado una plataforma política con la consigna "100 acciones para los primeros 100 días de gobierno", para incrementar la cartera de proyectos de infraestructura.
Además, está previsto que los recursos se utilicen para mejorar los niveles de seguridad en la infraestructura en los servicios aeroportuarios, para promover la inversión en la red ferroviaria y para impulsar la inversión ferroviaria en zonas turísticas.
Estas ayudas económicas se otorgan sobre la base de estudios del Banco Mundial (BM) que indican que la inversión en infraestructura es una importante aliada para disminuir la desigualdad social y para generar oportunidades.
De acuerdo con el BM, la inversión en infraestructura reduce la pobreza en 2,1 por ciento en los países de bajos ingresos y en 1,4 por ciento en los de ingresos medios. No sólo eso: los economistas estiman que la falta de inversión en infraestructura durante los años noventa hizo que el crecimiento económico se redujera entre uno y tres por ciento, según el país que se analice.
El programa que implementará el gobierno federal dará fuerte apoyo a constructores nacionales. Se avanzará en la desregulación administrativa, el acceso a mejores esquemas de financiamiento, la consolidación de un mínimo de contenido nacional en los proyectos gubernamentales y en adecuar la escala de los proyectos a la realidad de las empresas mexicanas.