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La Confederación Nacional Campesina mexicana (CNC), formada por pequeños y medianos productores, anunció ayer en un comunicado la "ruptura total" del diálogo con el Ejecutivo federal sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá.
Reunidas las agrupaciones que conforman la CNC, sus dirigentes acordaron que para que exista diálogo el Gobierno debe aceptar renegociar el acuerdo comercial.
El tratado entró en vigor el 1 de enero de 1994, pero la activación del apartado agrícola se postergó hasta el 1 de enero de 2008, fecha en la que se eliminaron las barreras comerciales y cupos de importación sobre maíz, fríjol, azúcar y leche.
Las protestas de diversos sectores campesinos y sociales contra el TLCAN (o NAFTA por sus siglas en ingles) se centran en que la apertura acabará con los pequeños productores mexicanos y en que repercutirá al alza sobre los precios.
Consideran además que la caída de aranceles impactará seriamente sobre la soberanía alimentaria de México, que deberá recurrir a otros países para alimentar a sus habitantes, y que se parte en situación de desventaja por los subsidios al campo que otorga EE.UU.
Las organizaciones campesinas reiteraron hoy su intención de realizar una marcha nacional el próximo 31 de enero en la capital mexicana para forzar al Gobierno a que cambie su postura sobre el TLCAN.
Víctor Suárez, de la plataforma "Sin maíz no hay país" y dirigente de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de productos del campo (ANEC), exhortó al Congreso mexicano a que "ejerza su poder constitucional e imponga leyes al Ejecutivo".
La postura del presidente mexicano, Felipe Calderón, es que el tratado ha sido "beneficioso" para los agricultores mexicanos, a pesar de algunos inconvenientes.
"Los países de la región compran hoy a agricultores mexicanos casi cinco veces más que en 1994", afirmó el mandatario el pasado 7 de enero en una reunión con diplomáticos mexicanos.
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