La intervención de los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo e Italia para salvar nueve bancos que estaban al borde de la quiebra, parece haber puesto al borde del abismo a una era de 30 años signada por el dogma ultraliberal.
El terremoto financiero devoró más de 500.000 millones de dólares de fondos estatales sin contar los 700.000 millones del plan de rescate votado por el Congreso estadounidense. Pero, sobre todo, esa conmoción hizo vacilar todas las convicciones doctrinarias sobre la capacidad del mercado para corregir las distorsiones provocadas por los operadores.
"Esta crisis marca el final de un mundo", proclamó el Presidente francés Nicolas Sarkozy. Aunque no lo dijo explícitamente, Sarkozy se refería al fallecimiento de un modelo desarrollado hace 30 años por Margaret Thatcher y Ronald Reagan y que fue potenciado por George W. Bush en la Casa Blanca y Alan Greenspan en la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés).
"La actual intervención del Estado, como se vio en Estados Unidos y Europa, cierra tres décadas de excesos, debido al vértigo descontrolado de las finanzas", resumió el profesor Michel Aglietta, autor de un libro sobre las "Derivas del capitalismo financiero" y, tal vez, uno de los mejores teóricos franceses en cuestiones económicas.
El historiador económico Nicolas Baverez, asesor de Sarkozy, reconoció que "el capitalismo surgirá de esta crisis profundamente transformado". A pesar de sus convicciones liberales, Baverez piensa que ahora se acordará la prioridad a "la seguridad sobre el riesgo" y habrá una "resurrección de la industria en detrimento de las finanzas y un mayor equilibrio entre el Estado y el mercado". Es más, Baverez incluso sospecha que la desconfianza sobre el ideal liberal amenaza con afectar el proceso de globalización.
Daniel Cohen, otro teórico que además enseña en la Escuela de Economía de París, afirma que es necesario "revisar todo el sistema financiero de mercado". "El gran trabajo de los próximos años será imponer nuevas reglas a la totalidad de los actores, regular el comercio de títulos, controlar a las agencias de notación, revisar las normas contables. Esa revisión incluye a todos los países. Es un trabajo ideal para el Fondo Monetario Internacional (FMI)", estimó.
A su vez, el ex-Presidente francés Valéry Giscard d'Estaing, otro gran referente liberal, reconoció que "la crisis demostró que no se puede dejar a la globalización sin control". "Esta crisis de dimensiones planetarias permite comprender de qué forma la globalización implica un cambio de escala. En Estados Unidos hay 300 millones de habitantes y en Europa estábamos acostumbrados a trabajar en países de 40 a 60 millones de habitantes. Actualmente cualquier medida económica repercute sobre la vida de seis millones de personas", precisó.
Nouriel Roubini, reconocido profesor en la Universidad de Nueva York, también cree que esta crisis terminó con los dogmas que inspiraban los excesos financieros en los últimos 30 años. Roubini, que fue el primero que alertó sobre los riesgos de la burbuja inmobiliaria, sostiene que es necesario "una regulación más estricta, sin llegar a las posiciones extremas de los últimos días, pero que no impida la innovación". Sin embargo, advirtió que "después de cada crisis advierte, el dinero fácil y la indolencia de los reguladores terminarán por crear una nueva burbuja".
El francés Pascal Lamy, Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC), también cree que "la crisis actual ilustra la necesidad de adoptar una regulación mundial". "Europa puede ser el motor de esa regulación y los métodos puestos en práctica por la OMC pueden servir de ejemplo", sostuvo.