Mientras el Presidente estadounidense George W. Bush sufre todo tipo de presiones desde el Congreso para reducir el enorme déficit comercial del país- fue de 768.000 millones de dólares en 2006-, el Ejecutivo decidió salir a castigar al principal culpable de los números rojos: China.
En 2006, el saldo negativo con el gigante asiático ascendió a 232.500 millones de dólares, a un promedio de cerca de 20.000 millones por mes. Es decir que China es responsable de más de un tercio del déficit estadounidense.
De esta forma, y revirtiendo la política comercial de los últimos 23 años en la cual China contó con un trato especial, Estados Unidos busca poner remedio a su flagrante agujero comercial.
"La economía China se ha desarrollado al punto de que podemos sumar otro remedio", expresó el Secretario de Comercio, Carlos Gutiérrez. "La China de hoy no es la China de hace uno años. Así como China ha evolucionado, también las herramientas que usamos para garantizar que los estadounidenses serán tratados de manera justa".
Esto significa, en el caso de las importaciones de papel brillante de China, que a partir del 30 de marzo pasado estarán sujetas a tarifas de entre el 10,9% al 20,4% como sanción por los subsidios que el Gobierno chino suministra a sus propias empresas. Las tarifas serán impuestas inmediatamente de manera preliminar hasta que sean revisadas en los próximos meses para seguir su evolución y determinar la sanción definitiva.
El caso, presentado por NewPage Corp., era seguido de cerca por empresas de otros rubros, desde el aluminio hasta los muebles.
Durante dos décadas el gobierno estadounidense sostuvo que las empresas estadounidenses no tenían derecho a disputar los subsidios gubernamentales concedidos a sus competidores extranjeros si esas empresas estaban en países cuyas economías no fueran de mercado, como en el caso de China.El año pasado, sin embargo, el gobierno reveló que estaba listo para considerar un cambio de política.
Beijing juzga "inaceptable" la decisión de Washington
Un comunicado del Ministerio de Comercio chino destacó que Beijing está "extremadamente insatisfecho" con la decisión estadounidense "y se reserva todos sus derechos de salvaguardar los intereses legítimos de China", que recibirá el mismo trato que el resto de las economías que no son de mercado.
"La medida de Estados Unidos atenta contra el consenso alcanzado por los líderes de ambos países para resolver las disputas mediante el diálogo", añade el comunicado de dicha cartera.
En el mismo, el Ministerio concluye diciendo que "China insiste en pedirle a Estados Unidos que reconsidere su decisión y efectúe al respecto los cambios necesarios en la misma".
El tratamiento “duro”, frente al "suave" que se utilizó hasta aquí según el Secretario del Tesoro Henry Paulson, busca obtener una respuesta de Beijing en asuntos como los derechos de propiedad intelectual y el devaluado (según Washington y Bruselas) yuan.
Tanto la producción y exportación de acero como la de muebles y otros productos de China son observadas de cerca por las empresas estadounidenses que tienen dificultades para competir con las importaciones de productos de bajo precio que inundan los mercados en los últimos años.
Respecto al papel, Washington considera que Beijing concede préstamos gubernamentales e incentivos fiscales, perdona deudas y concede subsidios al combustible que benefician la producción de papel satinado cuyas exportaciones se duplicaron en 2006 hasta los 224 millones de dólares, según la agencia oficial Xinhua.
Según Gutierrez, con la medida, la Administración estadounidense demuestra su compromiso con los fabricantes y trabajadores nacionales, pero no significa una voluntad de abandonar sus compromisos económicos con China.
Washington también estudia medidas contra la producción china de semiconductores y carbón activo, y en el caso de este último podría anunciar tarifas a la importación del 62 al 228 por ciento, según la cadena de televisión china CCTV.