Canadá elevó un reclamo a la Organización Mundial de Comercio (OMC) por las prohibiciones que Bélgica y Holanda a la venta de productos derivados de la foca, según afirmaron hoy oficiales comerciales.
La caza anual de focas en Canadá ha sido ampliamente condenada por defensores de los derechos de los animales, y actualmente está enfrentando una serie de posibles prohibiciones a sus productos derivados en Europa.
Los representantes comerciales en Ginebra no brindaron más detalles sobre la disputa, sólo que involucraba a las medidas adoptadas por los gobiernos de Bélgica y Holanda.
El Ministro de Comercio canadiense, David Emerson, y otros tres oficiales canadienses habían anunciado dos meses atrás que Ottawa consultaría formalmente al país belga por el veto a la importación y comercialización de los productos derivados de la foca, a lo que Emerson caracterizó como “una violación a las obligaciones que Bélgica tiene en la OMC”.
Posteriormente, el Ministro de Asuntos Exteriores, Peter MacKay, que ahora se encuentra en el Ministerio de Defensa, aseguró en julio que era lamentable que Canadá tuviera que acudir a la entidad multilateral para solucionar este problema.
"Pero el Gobierno canadiense luchará contra las prohibiciones de este tipo en todos los frentes. El sustento de mucha gente está en juego”, afirmó.
A principios de este año, la Comisión Europea (CE) rechazó un pedido por un amplio veto en la Unión Europea (UE) a las importaciones de piel de foca que apuntaba a terminar con la caza anual canadiense.
La Comisión alegó que una ley vigente desde 1983 imponía ciertas prohibiciones a la internación de pieles de cachorros de foca, lo que “provee una adecuada respuesta” al reclamo presentado por el Parlamento Europeo.
El ejecutivo europeo manifestó que la población de focas en el Ártico y las regiones atlánticas de Canadá “ha crecido significativamente” en las últimas tres décadas, llegando a los seis millones de ejemplares, y añadió que la especie no se encontraba en peligro de extinción.
La normativa de la UE impone una prohibición a los productos derivados de focas recién nacidas de menos de doce días, así como de focas jóvenes de menos de un año. Los grupos defensores de los derechos humanos aducen que la reglamentación permite a los cazadores capturar aquellas focas que han sobrepasado el límite de edad establecido por el bloque europeo.
Canadá dice que para este tipo de producto su mayor mercado es Noruega, que no es miembro de la UE. Las medidas tomadas por varias naciones europeas han caído muy mal en el país norteamericanos.
Los oficiales canadienses defienden la caza porque la consideran vital para la supervivencia de la población aborigen del Ártico. Además, la caza de focas genera 6.000 empleos por año.