Con argumentos fitosanitarios, ambos países cerraron sus fronteras para los envíos de uva y carne de Chile y Brasil respectivamente. La primera medida fue dictada por Chile el año pasado, y esta semana se supo que el gigante latinoamericano no permitirá el ingreso de uvas del país trasandino.
Detrás de bastidores, se cree que la medida ayudará a acelerar la reapertura del mercado chileno para la carne bovina brasileña, cerrado desde el 14 de octubre de 2005.
Chile es el cuarto mayor comprador de carne de Brasil detrás de la Unión Europea, Egipto y Rusia. En el primer trimestre de 2005 había adquirido U$D 54,6 millones, es decir, el 8,3% de las exportaciones totales de carne de Brasil. En el primer trimestre de 2006, esa cifra cerró en cero.
Atacar donde duele
Así como las ventas de carne bovina son una de las fuentes estratégicas de ingresos para los brasileños, la balanza comercial chilena depende de los envíos e frutas al exterior.
En 2005, Brasil compró U$D 34,5 millones a Chile. De ese monto, US$ 5 millones correspondieron a uvas frescas y secas.
Para resolver la cuestión, el Secretario Ejecutivo del Ministerio de Agricultura del Brasil, Luis Carlos Guedes Pinto, discutirá a partir de hoy una propuesta para levantar el embargo de la carne bovina que tiene como eje el envío de una misión técnica a Brasil.
El Gobierno chileno exige garantías para que toda la carne embarcada sea certificada como originaria de ganado nacido, criado y sacrificado en las áreas habilitadas, por temor a la aftosa.
Cuando Luiz Inácio “Lula” da Silva, Presidente de Brasil se vea la cara con su homóloga chilena Michelle Bachelet entre el 19 y el 23 de junio próximos, se tratará el tema. Los ganaderos del Estados de Río Grande do Sul serían los primeros beneficiados si encuentran una solución al tema.