Durante la jornada inaugural de la Conferencia Global sobre Desarrollo en la Primera Infancia, organizada por el Banco Mundial y el Gobierno brasileño, el ministro de Educación, Fernando Haddad, destacó que los problemas en los jóvenes se revelan a los 15 años "pero la desigualdad está marcada mucho antes, a los tres o a los seis años ya".
Haddad insistió en que los esfuerzos no deben centrarse sólo en solventar una "fotografía desagradable que se revela a los 15 años" sino que se debe trabajar desde las primeras etapas de desarrollo del niño, entre los cero y los tres años.
Asimismo, recordó que actualmente el Senado brasileño está pendiente de ratificar una reforma constitucional para universalizar la educación entre los cuatro y cinco años.
El ministro se refirió también a la situación de la enseñanza de Brasil y recordó que el país "se despertó muy tarde al interés por la educación pública".
"Cuando llegó la época del desarrollo para Brasil, estuvo muy centrado en aspectos como la ordenación del territorio o el desarrollo industrial mientras que la educación fue trasladada a un segundo y tercer plano", explicó.
En su opinión, Brasil "es un país marcado culturalmente por valores poco democráticos y poco republicanos", aunque señaló que en los últimos años son "evidentes" las mejoras en la situación de la educación pública nacional.
La secretaria municipal de Educación de Río de Janeiro, Claudia Costin, alertó en su discurso inaugural sobre algunos datos observados como la existencia de 28.000 analfabetos funcionales en los últimos cursos de educación primaria en la ciudad.
En este sentido, Costin instó a las autoridades políticas a aumentar las inversiones en educación, especialmente en el tramo de los cero a los tres años, porque "resulta mucho más humano pero además también resulta más barato para el contribuyente" al evitar problemas posteriores.
Por su parte, el ministro de Salud, Jose Gomes Temporao, apeló a la integración de las políticas de Educación y las de su sector sobre un mismo eje para fomentar la erradicación de la desigualdad además de abogar por un gran pacto "que considere la sanidad como un componente estratégico y no secundario".