La Universidad San Martín de Perú venció 1-0 al América de México por el Grupo 5 de la Copa Libertadores de América 2008, en partido disputado en el estadio Monumental de Lima ante unos 8.000 espectadores.
El uruguayo Mario Leguizamón le dio el triunfo a los incaicos a los 36 minutos de potente tiro.
El triunfo de los locales les permite mantener viva las expectativas de pasar a los octavos de final, pero antes tendrá que sortear duros escollos y lograr resultados positivos de visita ante River Plate en Buenos Aires y Universidad Católica en Santiago de Chile.
El América evidenció que no está pasando por un buen momento futbolístico, y extraña un pasado de gloria cuando era temible de visita y casi invencible de local. Ahora se le ve como una sombra que no se encuentra, pese a dos jugadores que sobresalen: el arquero Guillermo Ochoa y el delantero paraguayo Salvador Cabañas.
El técnico de los 'Santos', Víctor Rivera, mandó un ambicioso planteamiento con tres atacantes, dos hombres de contención, porque sabía que en este encuentro solo valían los tres puntos, ya que un empate lo dejaría al margen de la Libertadores.
Por ello, desde el comienzo salieron a apretar a los visitantes, dominaron y atacaron, porque el América con tres hombres en el fondo parecía no sentirse cómodo, dejaba muchos espacios y los volantes demoraban en el traslado del balón.
Los ataques de San Martín se estrellaron con una muralla llamada Ochoa, que salvó a su equipo en los primeros 30 minutos hasta en cuatro oportunidades.
Fue vencido por el uruguayo Mario Leguizamón a los 36 minutos de potente tiro que no pudo contener pese a los esfuerzo que realizó.
En la segunda etapa, el América con un Cabañas más movedizo se lanzó al ataque en los primeros 10 minutos en busca del empate, asustando el rival que retrocedió sus líneas para buscar el contragolpe por medio de Roberto Silva.
El arquero santo, Leao Butrón, respondió cuando fue requerido por Cabañas. El guardameta de la selección peruana bloqueó los disparos y le dio confianza a la defensa que se mantuvo serena.
Cuando San Martín, bien conducido por Alexander Sánchez y Mario Leguizamón, recobró el equilibrio, dejó de lado el temor de los primeros minutos, y por el contrario se encontró a un América sin mucho brillo en su juego y que solo tuvo pequeños destellos de inteligencia, pero insuficientes como para amargarle la noche a los de casa.
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