Rafael Nadal conquistó la medalla dorada en el tenis individual de los Juegos Olímpicos tras vencer en la final a Fernando González por 6-3, 7-6(2) y 6-3. Además, mañana será el nuevo número uno del mundo en el ranking de la ATP.
González presentó una dura pelea gracias a sus golpes de derecha. Así, pudo ejecutarla en numerosas ocasiones en el partido. Pero no resultó determinante.
A pesar de contar con mayor trayectoria en los Juegos Olímpicos, el chileno no pudo con el español. González cuenta en su haber ser campeón en dobles junto a Nicolás Massú y bronce por sí solo en Atenas.
Ese es el motivo por el que el impacto de la dimensión extrañó al comienzo, donde el tenista de Santiago, un habitual ya en las alturas del circuito, empezó por dar ventaja a su rival. El español rompió a las primeras de cambio. Resguardó su saque, que no cedió en todo el partido y cerró el set sin contratiempos (6-4).
Fue a partir de ahí donde el chileno se decidió a entrar en el partido. Cuando soltó su derecha, la que buscó. Y jugó con continuidad gracias a la certeza de su saque. Inquietó a Nadal, que tuvo que hurgar en el partido y ejecutar esfuerzos extras en las amenazas de González, que desveló ciertas carencias como restador.
El partido concedió una opción al chileno. Y es en los detalles donde está el salto de calidad. Fernando González, a buen nivel, esperó su ocasión. Y le llegó pero no la aprovechó. Fue en el décimo parcial, cuando tuvo 15-40, dos puntos de sets. Nadal se defendió como pudo. Pero el sudamericano, pensó más en la dimensión de la situación y marró cada posibilidad: Una fuera, de revés y otras dos a la red.
Nadal en el último set tuvo las cosas más fáciles. Las derechas de González, lejos de inquietar, fueron intermitentes, revestidas de fogueo. Y los dos puntos de partido que salvó el chileno, no pudieron evitar lo que se preveía.