Gabriel Milito, el defensa que no quiso el Real Madrid y acabó triunfando en el Zaragoza, podría jugar la próxima temporada vestido de azulgrana. Anoche, aunque todavía no se había alcanzado un acuerdo definitivo, el Barcelona y el Zaragoza intentaban llegar a un punto común por el traspaso del defensa argentino. La última oferta del club barcelonista era un paquete en el que se incluían un pago de 17 millones de euros y dos jugadores: Thiago Motta y Santi Ezquerro.
Convertido casi en un culebrón del verano, el fichaje del internacional, que estos días está disputando la Copa América, en Venezuela, se eternizaba por varias razones.
La primera, porque el Barça no se resignaba a seguir negociando por Christian Chivu, a quien también pretendían el Real Madrid y el Inter de Milán. Pero a primera hora del día, en el Camp Nou ya desecharon la posibilidad de seguir insistiendo por el rumano ante sus pretensiones (4,5 millones de euros por temporada).
Su representante, Giovanni Becalli, había sido concreto: "Chivu sólo se va a un equipo: el Inter. No le interesan ni el Barça ni el Real Madrid; y si la Roma no quiere traspasarlo, se queda otro año".
El segundo problema para el fichaje era el tema económico, tanto la cantidad que reclamaba el Zaragoza al Barça (20 millones de euros) como el contrato del jugador.
Con la Juventus elevando a 17 millones su oferta (14,5 millones más 2,5 por variables), y Eduardo Gamarnik, representante de Milito, en Barcelona negociando por teléfono a dos bandas (con los directores deportivos Txiki Begiristain y Miguel Pardeza), el vicepresidente económico culé Ferran Soriano (que fichó a Henry), se desplazó a orillas del Ebro para lograr el OK de la directiva aragonesa.