Los subsidios estadounidenses al algodón mantienen los avances tecnológicos pero no cambian el panorama de altos costos de producción y ocupan tierras que podrían ser utilizadas para la siembra de cereales.
La realidad es que los textiles se están desplazando hacia el extranjero, y mucha de la producción cerealera estadounidense es exportada, en tanto los textiles son importados desde otros países. Incluso con generosos subsidios, la producción algodonera corre en desventaja con respecto al maíz (alentado por la demanda de etanol) y otros productos.
Los programas del algodón hoy juegan un rol de segundo plano, ayudando a preservar el sector, que se encuentra en plena reducción. Con estos antecedentes, la reciente actividad de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el proyecto de ley agrícola en el Congreso de Estados Unidos presentan una duro perspectiva para la industria.
El caso que presentó Brasil ante la OMC por los programas de apoyo estadounidense al algodón fue el primer intento serio de un país emergente de usar estructuras legales para modificar las políticas del país norteamericano. La acción fue tomada por el crecimiento en las exportaciones de Estados Unidos en 1999, tiempos de debilidad del mercado.
Como consecuencia, Washington modificó sus subsidios a la exportación, pero los programas domésticos continuaron vigentes.
Un panel posterior en la entidad multilateral demostró que estas medidas no eran suficientes para alinear a Estados Unidos con la normativa internacional. A menos que el país norteamericano apele, tendrá que enfrentar sanciones comerciales de más de 4.000 millones de dólares por parte de Brasil, abarcando un rango amplio de productos y servicios.
Un segundo reclamo provino de algunos países africanos, particularmente Mali, Chad, Benin y Burkino Faso, que eligieron una vía política de confrontación en lugar de una legal. Estas naciones alegaban que el sistema de subsidios que aplicaba Estados Unidos perjudicaba a los agricultores pobres africanos, lo que significaba una competencia desigual e incluso ilegal.
El caso africano fue suficientemente convincente y coherente. Dos años después, la OMC acordó eliminar rápidamente los subsidios al algodón.
La búsqueda de modalidades para hacer operativas estas resoluciones continúan en la Ronda Doha. El Presidente del Comité negociador de Agricultura sugirió reducir un 80% los subsidios al algodón, así como un pequeño espacio para hacer efectivos esos recortes.
Washington declaró que esto era inaceptable (la propuesta reduciría de 3.000 millones a 500 millones de dólares el monto de ayudas), mientras que la industria reiteró su postura: el algodón no debe ser apartado.
Sin embargo, es muy poco probable que se llegue a un acuerdo sin consenso de los países pobres exportadores de algodón, dado al fuerte apoyo que reciben de sus vecinos africanos.